• Oct. 20, 2011, media noche

Nicaragua no puede continuar con sectores interesados en este injusto trueque: cambiar la realidad por el artificio medieval de que cada comicio es una contienda entre el Bien y el Mal, entre el Cielo y el Infierno

Es ilógico pensar que si el FSLN se encuentra sobre la ola de las encuestas, va a hacerse el harakiri, acosando a los sacerdotes.

Una campaña deja de ser electoral, cuando se atizan miedos, contaminando el ambiente político y tratando, mediante el efecto del terror y no la veracidad de un candidato, de empujar el voto hacia una determinada opción.

Cuando interviene de forma directa la Iglesia Católica en los asuntos temporales, tampoco podemos hablar de campaña, sino de Cruzada Electoral, propio de una sociedad premoderna. No es que el clero deba encerrarse en sus templos, sino distinguir su voz profética del cálculo político a la hora de pronunciarse ante la población católica. Las verdaderas cóleras divinas exceden las siglas queridas de un partido.

Una votación debe transitar por las vías de la razón, no forzando una decisión donde se prive a la ciudadanía de escoger libremente al candidato de su preferencia.  El sufragio es un ejercicio soberano. Utilizar la herramienta del pánico, privándole al votante de su propio juicio, de lo que Lutero llama el libre examen, es jugar con boletas marcadas.

Que los programas de gobierno y los hechos hablen. Que la ciudadanía ejerza su derecho a pensar y decidir con libertad: la democracia también es el canto íntimo de una sinfonía colectiva: es la reflexión de una decisión personal en la soledad de una urna.

Azuzar a la gente con los viejos demonios de la confrontación, recurriendo a un estado emocional primario, de tinte religioso además, para provocar el voto deseado no es muy cristiano que digamos.

La Policía capturó al autor de las llamadas amenazantes y anónimas, y ahora, un grupo, el hermano del joven y hasta algún obispo salen diciendo por ahí que “es un montaje”. La Policía y una compañía telefónica, con sus peritos rastrean la llamada, presentan las pruebas, hallan al hechor, pero cuando prevalece un plan político, la verdad se reduce a un accesorio, y peor, inútil.

En esta escalada del absurdo, se llegó al colmo de decir: “Este culpable no me gusta”.  Y dado que se hizo circular la moneda del Buen Candidato, en la otra cara, para todos los efectos, se halla el perfil del Culpable  Ideal.

Así llegamos al extremismo: que la verdad sea como yo diga, del color que yo quiero y del tamaño de mi inclinación ideológica. Estas posiciones tampoco contribuyen a crear una mejor conciencia ciudadana, sino que se le pervierte cuando se juega con los dados cargados.

Fraude de baja intensidad
Ahora, los que son agarrados con la mano en la masa, resultan  inocentes, y los que nada tienen que ver son los grandes culpables, porque así ya está escrito en este viejo guión de la misma y aburrida película del Halloween electoral de cada 5 años.  

La Iglesia Católica, por su dignidad y responsabilidad, no debe rebajarse a suplantar a  un partido, por más que la bandera preferida de algún jerarca no ondee a como quisiera en los vientos de la opinión pública, mucho menos saltar a la arena política como un Rambo de sotana: ¡Apártense, esto es entre la Iglesia y el Frente!

Nicaragua no puede continuar con sectores interesados en este injusto trueque: cambiar la realidad por el artificio medieval de que cada comicio es una contienda entre el Bien y el Mal, entre el Cielo y el Infierno.   

Manipular la conciencia ciudadana, y peor, su fe, es un fraude de baja intensidad. Por eso, desintoxicar el ambiente electoral, a menos de un mes de las votaciones, sería sano, empezando por entender que no es lo mismo propaganda partidaria que campaña sucia.

Nos recordaba desde Radio Bautista uno de los pastores mejor orientado en Nicaragua a la luz de la Palabra, Rodolfo Miguel Moreira, que Dios no hace acepción de personas, y creo que tampoco de candidatos.

La Iglesia Católica no debe ser, en versos de Octavio Paz, “una pureza que destruya”.

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