• Oct. 31, 2011, media noche

¿Puede un candidato salir electo con el voto de la mayoría sin gozar de la amplia simpatía de los votantes? Esa fue la interrogante que planteó hace varios años, Jean Charles Borda, un científico y matemático francés (1733-1799).

La respuesta es sí. Borda explicaba que en una elección  en la que participan varios candidatos y en el que se elige a uno de ellos por mayoría, la dispersión de los votos puede traer como resultado que el más votado, no sea necesariamente el que más aceptación tenga entre  la población.

Para fundamentar su tesis y no conforme con ese sistema de votación, Borda creó un método denominando  “elección por orden de méritos” y que hoy se conoce como “el método de Borda”. En éste plantea que al momento de votar los electores no solo deberían de hacerlo por el candidato de su preferencia, sino también ubicarlo en orden de prioridad en relación con los otros y luego asignarle una puntuación.

Esa misma técnica fue empleada durante la revolución francesa y ganaba el candidato que obtuviese la mayor puntuación. De esta manera se elegía a  un candidato en términos generales, en vez de a uno preferido solamente por un sistema de mayoría.

Aplicar ese  método en el  contexto de las elecciones generales nicaragüenses es imposible. El triunfo electoral según el pacto logrado en el año 1999 por el entonces Presidente Arnoldo Alemán del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y Daniel Ortega, líder de la oposición en ese momento permitió la reducción del porcentaje electoral para llegar a la Presidencia en primera vuelta solamente con el 35 por ciento de los votos, siempre  y cuando hubiese una diferencia de más de cinco por ciento entre el candidato del segundo lugar.

No obstante, y a tenor de los resultados  de las últimas encuestas de CID  Gallup, M&R, UCA, Siglo XXI y en la que se refleja una abultada ventaja para la reelección del Presidente Ortega, he intentado aplicar a través de un ejercicio práctico el modelo de Borda.

El ejercicio, que no tiene ninguna trascendencia electoral, pretende solamente enfocar la percepción ciudadana sobre los distintos candidatos a la Presidencia de Nicaragua en un escenario distinto al que tenemos actualmente.
Para ello he utilizado algunos de los resultados de la última encuesta de CID Gallup presentados a mediados de septiembre.

El primer resultado aplicado a través del método de “la caja negra”-que los entrevistados simulen una votación con una boleta falsa-  reflejó que si ese día hubiesen sido las elecciones, Daniel Ortega hubiese obtenido el 45.8 por ciento de los votos (FSLN), seguido de Fabio Gadea con un 33.5  por ciento (PLI-UNE) y Arnoldo Alemán con un 10.1 por ciento (PLC).

El resto de los votos se distribuyeron entre las otras dos agrupaciones políticas minoritarias. Otra parte quedaría entre los indecisos. Estos resultados reflejan la simpatía de los electores hacia los distintos candidatos.

La otra conclusión de CID Gallup- realizada por el método de la encuesta- estuvo relacionada con la antipatía que generan los candidatos entre las personas entrevistadas, y para ello se les preguntó por el candidato al que nunca votarían.

Según Gallup el 14,8 por ciento de los encuestados nunca votarían por Daniel Ortega, el 38, 3 por ciento no le daría su voto a Arnoldo Alemán y solamente un 3,9 rechazaría a Fabio Gadea.

De acuerdo con esos resultados y aplicando el método de Borda, Daniel  Ortega sería el candidato preferido para ser electo Presidente, pues lo ubican en el primer lugar de intención de votos, pero no genera tanta simpatía en el total del electorado.  

Lo contrario le ocurre a Fabio Gadea,  quien genera menos  antipatía en el total de los votantes, pero no consigue que esa característica se traslade en preferencia a la hora de elegirlo como Presidente. En la cola se queda Arnoldo Alemán, quien recibe los porcentajes más altos de antipatía y los más bajos de preferencias electoral.

Este método electoral tiene sus limitaciones como cualquier otro sistema de elección, sin embargo tiene dos cosas que a mí juicio son importantes en el contexto de Nicaragua, la búsqueda de un consenso legítimo entre todos los ciudadanos a la hora de elegir a quien queremos que nos gobierne y por que permite de alguna manera mostrar la intensidad de preferencia entre los candidatos.

*El autor es periodista

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