• Nov. 17, 2011, media noche

Estamos oficialmente bajo dictadura: Estamos oficialmente bajo maldición.

Hemos llegado al fondo del barril, y las condiciones para que se desarrolle la tormenta perfecta, están más que dadas. Nicaragua ha decidido montar el Caballo Bermejo, jineteado por Ortega.

Su aparato represivo y organismos de control, van a tener mucho trajín, a lo largo de estos cinco años venideros, si acaso llega.

Porque, no es lo mismo vigilar, que ser vigilado. Agredir, que esperar el certero golpe. Tirar la bala, que ser ajusticiado. Y correr de norte a sur. Y de este a oeste.  

¿Qué necesidad tenia Daniel Ortega de hacer trampas para ganar su reelección presidencial?  

Ninguna. Su derroche clientelista lo daba como ganador clarísimo. Pero, si lo necesitaba, para apoderarse de la mayoría de la Asamblea Nacional, con un porcentaje tan obsceno. Y ahí abrió la puerta del mal.

El despreciable presidente del Consejo Supremo Electoral, en una acto de total descaro y servilismo, solo comparable a la de su padre putativo, quería regalarle al dictador, en sus sesenta y seis cumpleaños, el mismo número en por ciento de votos.

Pero de ahora en adelante, Decreto, vestido con los tres colores, y con permiso del cielo, que Ortega tendrá un muerto natural, cada tres o cuatro meses.

Poco a poco, se irá quedando viudo de amigos y mentores. De colaboradores y equipo, hasta que sea cercado, el mismo, por las sombras malditas.

Managua y los demás bastiones danielistas, pagarán caro su traición. Su fanatismo y doble voto. Les lloverán las aflicciones y la pobreza, por traicionar las ansias de libertad de la mayoría del pueblo.

De aquí en adelante todo será lucha y rebelión.  A partir de su “nueva  investidura”, el próximo diez de Enero, Ortega inaugurará el período más negro de su gobierno, signado de venganza  y pestilencia de muerte. En una vorágine apocalíptica que arrastrará a todo el pueblo, pero también a su propia familia.

Cada tres o cuatro meses le llegará el olor a lirio y a crisantemos. Y nada, ni nadie, podrán salvarlo. Ni los embrujos, ni las bendiciones cardenalicias.

La Iglesia Católica debe hacer uso del recurso de la excomunión. Todos los funcionarios orteguistas corruptos, deben ser expulsados de la Iglesia de Cristo, por haberse ligado al destino del canalla.

Al destino de este hijo de las tinieblas, de 66 años y 63 por ciento de votos falseados. Adorador del becerro de oro: Daniel José Ortega Saavedra, impostor, ¡bandido!

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