• Dic. 9, 2011, media noche

 

 

Robin Hood es un personaje inglés de leyenda cantado por los trovadores y que se dice vivió en los siglos XIII y XIV. Se conoce como un heroico caballero que robaba a los ricos para darles a los pobres. Su historia ha sido popularizada en películas, paquines y cuentos para niños.

El nombre de Robin Hood ha vuelto a surgir en estos tiempos en que el mundo, tras un sinnúmero de escándalos financieros, ha visto a los ricos hacerse más ricos mientras disminuyen los niveles de vida e ingresos de las clases medias y pobres.  Un buen número de figuras relevantes a nivel mundial están respaldando la idea de imponer a las transacciones de bonos y acciones del mercado financiero mundial, un gravamen que se ha dado en llamar “el impuesto Robin Hood.”

En la última reunión del grupo de países conocido como el G-20, nada menos que Bill Gates, presidente de Microsoft y uno de los hombres más ricos del mundo, presentó un documento detallando cómo una pequeña tasa sobre estas transacciones generaría aproximadamente $48 billones de dólares; dinero con el cual se podría aliviar muchas aflicciones de los países pobres. Hay que decir que Bill Gates y su esposa han donado millones de dólares específicamente a la lucha contra la malaria en África. De los millonarios estadounidenses filantrópicos, ellos son de los más generosos.

La idea de la tasa impositiva tuvo una acogida favorable por parte de Francia y Alemania, pero tanto Inglaterra como Estados Unidos han mostrado escepticismo en cuanto a su creación, aludiendo a que tendría que ser una tasa mundial obligatoria que no diera lugar a la creación de un mercado negro de países que ofrecerían no cobrarla.

La idea de este impuesto no es nueva, ni es de Bill Gates. Fue propuesta originalmente por el economista y premio Nobel de Economía, James Tobin, pero ha tomado auge últimamente respaldada por el Movimiento Ocupemos Wall Street. Marchas de muchachos, vestidos con trajes de Robin Hood, con rótulos que dicen: “Devuelvan” o “Cambiemos el sistema del planeta” se han producido ya en Inglaterra, Francia y Estados Unidos.  

Sin duda hay mucho que lamentar en estos días en el mundo, pero también hay noticias como ésta. La globalización también puede dar lugar a movimientos que perciban la justicia social como una necesidad planetaria. Los jóvenes que protestan hoy en todo el mundo contra la avaricia y la usura son el anuncio de que una nueva conciencia.  Las crisis, después de todo, ponen de relieve la validez de la teoría del caos: una mariposa batiendo sus alas sobre el Caribe, puede desatar tormentas en China.

II.
Estaba por terminar este blog, hoy por la mañana, cuando me enteré del asesinato en Luku Paraska, Atlántico Norte, del Secretario Político del FSLN Carlos García Hernández. Un “Frente Democrático Costeños 380” reivindicó el crimen como una acción política. En los comentarios bajo las noticias que aparecen en El Nuevo Diario, me preocupó leer esta opinión: “este crimen sugiere a la vez venganza, que no necesariamente se tienen que realizar en el lugar de los hechos, sino que la misma puede ser extensiva en busca de quienes desde la capital incentivan estos crímenes. El sandinismo tiene vocación de Paz, pero también se es enérgico contra criminales y delincuentes que se esconden en un medio de comunicación, en un ONG con máscaras de derechos humanos, en una sotana, en dizque organizaciones con diferentes motes, o en aquellos amargados asesinos que una vez en los 80 utilizaron la reputación del FSLN para robar en nombre del mismo”

Desafortunadamente, en nuestro país, la violencia fue, por razones históricas, un recurso aceptable y hasta “heroico” para resolver nuestras diferencias, pero hemos sufrido mucho y recorrido un largo camino para superar esos métodos. Es menester que un hecho terrible como éste sea investigado para asignar responsabilidades. Usar estas desgracias, achacarlas al ejercicio de los derechos de otros que se sintieron atropellados, queriendo involucrarlos como culpables, es incitar a la represión y la intolerancia.

La lucha política es una cosa; el asesinato es otra.

 


Hay que seguir manteniendo una gran distancia entre ambas.

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