• Dic. 10, 2011, media noche

Siempre hay al menos uno en el grupo. Ya sabes quién es, el que enamora a la novia de un conocido en el bar; el que al llegar la factura se acuerda que dejó la billetera en la casa; quien cuenta anécdotas íntimas de sus amigos a terceros; al que hay que quitarle las llaves del carro cuando ya está hablando en inglés después de unos piquinyuquis…

Seguro ustedes tendrán infinidad de historias de amigos encabes. Pero, ¿nunca se han preguntado por qué les aguantamos tanto?. Algunos nos habrán sacado de problemas en el pasado y esos favores se deben pagar; quizás es porque son nuestros amigos de infancia y de alguna manera ellos son nuestra única conexión con un tiempo que ya no va a volver; o tal vez es gente que te hace reír con sus ocurrencias, aunque dan ganas de pegarle un buen jalón de orejas, pero nos envuelven con su carisma.

(Aquí haré un salto abrupto de tema, que me llevará a una conclusión inesperada y fácil, lo anuncio para que después no digan “este czeroberto no sabe cómo conectar ideas”, porque ya se sabe, en guerra anunciada…)

Se cree que con conocer la profesión de alguien basta para saber algunas cosas de esa persona. Así, los periodistas son chismosos, los médicos tienen mala letra, los abogados… ah, los abogados, mejor no hablar mal de ellos.

Siguiendo esa creencia, quisiera proponer un estereotipo: los políticos son encabes. Encabe entre ellos: como al Ministro que descubren cometiendo un acto de corrupción y pone en una situación comprometida al Presidente, quien primero lo defiende para luego pedirle la renuncia, cosa que por cierto pasa muy poco en Nicaragua, porque aquí los políticos son leales unos a otros.

 

O aquel al que odian todos por ser una de las personas más cínicas en la tierra, pero que después de tantos encabes, ahí sigue, porque “es mejor lo viejo conocido, que lo nuevo por conocer”.

 

Y los políticos son nuestros amigos encabes. Nos endeudan aprobando préstamos para “regalarnos” obras de progreso que después nosotros mismos pagamos y que siempre terminamos agradeciendo al volverles a votar... así de buena gente somos. Con amigos como nosotros, quién podría quejarse.

http://www.periodistaenpijama.com/
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