• Ene. 16, 2012, media noche

Preocupación, ansiedad, cansancio, excitación y somnolencia diurna. Sin duda, sufro de lo que llaman Estrés Postvacacional. Sé que suena a enfermedad inventada, algo así como cuando alguien te dice que sufre de alodoxafobia.

La mayoría sufre en estas fechas sin saber qué es exactamente lo que lo aqueja, un bostezo a la vez, circulando por Managua, preguntándose dónde están los otros managüenses. La posible respuesta nos causa aún más ansiedad: tal vez siguen de vacaciones.

Mis vacaciones de "este" año no fueron tan accidentadas como las del año pasado, en las que hasta me asaltaron en un hotel para "cheles" en Little Corn Island. Este año disfruté de la presencia de Irene, junto a otros seres queridos nicas-nórdicos-españoles, en un lugar tan tranquilo que yo, que he sido acusado de aguafiestas varias veces, sólo pude quejarme del viento. Quizás esa sea la razón por la que el estrés postvacacional de este año parece haberme golpeado más fuerte.

Sacudo la cabeza y me alejo de esos recuerdos para volver a Managua, que parece seguir en estado de dejà vú constante. Sino cómo explicarse que una de las primeras noticias de este año son los nuevos cubos en las rotondas de la capital, que no dicen nada nuevo más allá de la actualización del año, y que reemplazan a los que estaban sobre los árboles de navidad que llevan ahí más de un año.

Por cierto, ante el enigma de los árboles navideños, he llegado a creer que es posible que sean una estrategia encaminada a reducir los efectos del estrés postvacacional, cuidado y sí, ya se sabe que a este gobierno y al próximo no parece escapársele nada. Y es que todas las opiniones que oigo de un tiempo para acá parecen describir la omnipresencia del Niño Dios más que a un gobierno.

 

Periodista en Pijama.

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