• Ene. 24, 2012, media noche

 

 

Nadie es profeta en su tierra, y al pronunciarlo, pienso en la mía, o en lo relativamente sustancial que fuera de ella he aprendido a vivir... encerrado en cocinas de restaurantes como buen inmigrante. En 73 días me fui de mi país. Siempre digo que para siempre, pero todo el tiempo finalmente regreso. Esta vez, pienso lo mismo, me fui de mi país para siempre, sí como una rata que intenta salvarse en una tabla antes de que el barco se hunda.

 


Julio y yo pasamos frente a All Meats y al señalarmela, me dijo que era ahí... en el sótano de esa carnicería donde hacían las Green Cards y #Social Security. Se puso a sonreír como quien conociera de manera secreta un pasadizo hacia el cielo.
Pues sí, los mexicanos tienen esa convicción ferrea de que todas las cocinas de los restaurantes en Estados Unidos son para los mexicanos; entonces cuando aparece otro ajeno a ellos, hay que luchar fuertemente contra esa defensa para ganarse un espacio: demostrar que podes levantar la charola con más de 12 platos recien salidos del horno a más de 450 grados, Que sabes decir de manera autómata: “Hello, gentlemen; my name is Fulano Perencejo, I will gladly be your waiter tonight" (that´s what popular theater is all about). También debes demostrar que sabes cortar cebollas y en caso de corte, tenés los huevos para curarte con la chiva de un cigarro; o que finalmente sabés moverte como cucaracha al ojo ciego de la Migra al salir de tu trabajo para pasar por la gasolinera más cercana por un 12-pack de Miller Lite pa´ parrandear (con nostalgia) hasta las 3 de la mañana antes de que lleguen las 8 y regresar a la rutina. No hay que salirse de esa ruta, ahí está el precio, y con suerte en 2 años tu mujer habrá ya comprado el terrenito; en 3, puesto las primeras piedras y laminas de zinc; y en 5, poder regresar a casa con tu Dodge del 97´ para ser el héroe de la comarca.

Así recuerdo también Noruega, cargada de chilenos, una generación de déspotas llegados ahí como exilados socialistas allendistas... ya entones sátrapas del dinero y con pena de alguna vez haber proferido sus consignas antiperialistas. Mexicanos, chilenos, migrantes, más migrantes....como en las cocinas de Karl-Hans, o Dattara Til Hagen o en ese getto resurgente de Grenaloka... turcos, vietnamitas, o guerras por quién hace el mejor Kebab nórdico entre indios y pakistaníes; los kurdos iraquíes no quieren saber nada de los iraníes sunies, se hacen las víctimas y desafortunadamente deben de compartir el mismo piso que Amnesty International les ha asignado como refugiados políticos. De paso, los kurdos no kieren poner la basura en su lugar, y Ole Bakker protesta porque el hijo de puta de Malic es subvencionado por su Estado para que se le coja a sus mujeres. Vaya vida de migrante... pero así es, en 73 días quise irme nuevamente de mi país para siempre... como una rata asirme de una tabla antes de que el barco se hundiera. Y no es que las cosas hayan estado mal, es sólo que nunca han sido.

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