• Ene. 27, 2012, media noche

Luego de adentrarse en el texto, Una de las primeras sociedades de la información. Paris en la segunda mitad del siglo XVIII, Robert Darnton, expone que la construcción de opinión pública se constituyó en un indicador clave para comprender si la Francia de Luis XV, fue en realidad una de las sociedades de la información más avanzada en Europa. ¿Qué se entendió como opinión pública en la Francia del siglo XVIII? Interrogante que a lo largo del ensayo el autor trata de responder, desde una mirada de la historia de la comunicación durante el reinado de Luis XV.

Darnton señala que el Árbol de Cracovia, fue la cuna de opinión pública parisina, donde emergió este concepto. Los grandes temas sobre los que se hablaban giraban alrededor del quehacer del Palacio de Versalles. Expone que este lugar fue “un gran árbol, el castaño de hoja verde, que se sitúa en el corazón de París, en los jardines del Palais-Royal… como un imán poderoso, este árbol atrajo nouvellistes de bouche, o newsmongers, que difunden información sobre acontecimientos de actualidad por el boca a boca”. El Árbol de Cracovia, se constituyó en la esfera pública (Jürguen Habermas) cuyo régimen de comunicación dominante fue la oralidad, siendo el rumor, la principal fuente de información con que se tejió la opinión pública parisina.

La comunicación escrita también fue otra forma con que se alimentó la sociedad parisina del siglo XVII. A diferencia del árbol de Cracovia, donde  el rumor fue la centralidad para construir opinión pública, el “salón de Mme. M.-AL Doublet, conocida como ‘la parroquia’, fue el referente histórico donde  comenzó a elaborarse los primeros manuscritos con contenidos independientes del poder. A diferencia de la forma de comunicación oral, la información escrita, comenzó a tener precio, llegando a costar hasta “6 libras por mes” el servicio de copiado, esto sugiere que en realidad eran pocos quienes tenían y podían tener acceso a informarse sobre los manuscritos.

En la sociedad de la información parisina, el debate sobre libertad de expresión, está presente de forma transversal. Darnton ratifica que al poder siempre fue alérgico al ojo público, precisamente la Corte de Luis XV para evitar ser fiscalizado, implementó controles sobre los pocos medios de comunicación y libros. La información tenía que pasar por el filtro de “burocracia barroca que incluye cerca de 200 censores, y las decisiones de los censores eran aplicadas por una rama especial de la policía, los inspectores de la industria del libro”.

Tampoco debe interpretarse que la oralidad escapó al control del Palacio de Versalles. Al igual que en los medios escritos, la Corte de Luis XV se encargó de crear un “Estado Policía” para controlar los espacios que generaban opinión. Darnton afirma que “el Antiguo Régimen era un estado policial...  Se llevaba la cuenta de que mediante la publicación de espías donde la gente se reunió para discutir los asuntos en los mercados públicos, tiendas, jardines públicos, tabernas y cafés”.

Las premisas con que Darnton gráfica la sociedad de la información parisina del siglo XVIII, resultan clave para entender la genealogía del concepto de opinión pública, y su evolución en la línea del tiempo. Precisamente una de las virtudes de la opinión pública parisina, fue que estuvo constituida por la mayoría, donde la comunicación era horizontal, jugando un rol de contra poder. De modo que la opinión pública parisina retratada por Darnton, no es la misma opinión pública expuesta por Ortega y Gasset en Rebelión de las masas, donde la opinión pública era un derecho del que gozaba un reducido grupo de personas, principalmente quienes tenían acceso y control de los medios de comunicación.

Una de las principales tesis que se ponen en relieve  en el texto de Darnton, es que una sociedad alcanza su democracia, no únicamente por su desarrollo tecnológico, sino también en la medida que su opinión pública esté constituida por la mayor cantidad de ciudadanos informados, donde la información no sea el privilegio de unos pocos sino un auténtico derecho humano.

*El autor es Director de la Escuela de Comunicación y Relaciones Públicas, UCC.

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