• Feb. 24, 2012, media noche

Estábamos en una de las tantas cafeterías de la universidad. Ese día, la “Massiel”, me dijo algo que—según ella—debía decirme  antes de llevarme a su casa y presentarme a sus padres. Ya había escuchado yo en nuestros tantos coloquios de compañeros universitarios, que no vivía con su papa, que su mama la había sacado adelante siendo madre soltera, que tenía tres hermanos…

Mientras nos tomábamos un té helado, frente a frente, en una mesita de la terraza de la cafetería, la “Massiel” me fue contando eso que guardaba con recelo, como el mayor tesoro de su vida o como la mayor vergüenza con la que tenía que vivir. No podría discernir  su sentimiento en aquel momento.

Pasó casi media hora bamboleándose en palabras sutiles de advertencia, me dijo que me lo confiaba porque yo lo comprendería, porque ante todo era su amigo, por una y otra razón, hasta me llenó de halagos. Y de pronto, mientras su rostro experimentó una amplia gama cromática, me dijo: “Waldir, yo tengo dos mamas, porque mi mama es lesbiana”. Así me lo dijo, como explicando el por qué siempre hablaba “de su mama y de su otra mama, pero que no era su mama”… ¡Qué enredo! dirán, pero no, es sencillo.

Como era de esperarse, no me sorprendió que su madre fuera lesbiana; no, fue  la historia de su familia. Me dijo que sus dos madres tenían 22 años viviendo juntas, que ella no llevaba el nombre de su madre biológica, si no, el de su otra madre.

Me confesó lo duro que fue para ella cuando tomó conciencia del rechazo que la sociedad sentía ante este tipo de relaciones. Su papá abandonó a su madre estando embarazada, justo a tres meses de que ella naciera. A la “Massiel” se le humedecieron los ojos contándome. Ante los demás, la pareja de su madre siempre fue su tía, sin embargo,  para ella es como si las dos la hubiesen parido.

En mi monólogo interior, durante la conversación, me decía a mi mismo: “¡Opa!,  pensé que en Nicaragua no habían relaciones de unión libre (tipo matrimonio heterosexual) entre parejas homosexuales, menos, de generaciones de antaño y nunca imaginé ser, de algún modo, testigo… ¡Ni en mis sueños más locos!”.

Desde ese entonces, la “Massiel” y yo somos como hermanos, nos une el más noble secreto y la creencia de que dos mujeres pueden amarse, vivir juntas y ser felices. Y a lo mejor, por qué no dos hombres, ya ven que no se necesita estatus de país desarrollado para ser feliz. En este caso, a como dijo alguna vez la querida Isabel Allende de sus novelas: “…hay historias que deben ser contadas, para que no las borre el tiempo.”

 

Leer blog del autor

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus