• Feb. 27, 2012, media noche

Esta semana una noticia me sacudió de mi “zona de seguridad”: la muerte de la corresponsal del Sunday Times, Marie Colvin, y del fotógrafo francés Rémi Ochlik, mientras realizaban su trabajo en Homs, Siria (junto a unas 24 personas más ese día).

La casa donde estaban refugiados junto a otros periodistas, quienes también resultaron heridos, fue fuertemente bombardeada por las fuerzas armadas del gobierno, al igual que otros edificios y residencias de esa ciudad.

Noticias así ocurren todos los días, desgraciadamente. ¿Por qué ésta me sacudió entonces?. Nicaragua, como parte de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), apoya al gobierno sirio, o lo que es lo mismo, al Presidente de ese país Bashar Al Assad, a quien se oponen algunos sectores de la población siria, dispersos en algunas ciudades. Homs una de ellas.

Para nadie es secreto que nuestra economía depende cada día más de Venezuela, líder espiritual del ALBA. Habrá quienes ven en esto un peligro (dependencia); otros que expresan un odio tan “desde el alma” hacia el Presidente venezolano que han perdido credibilidad y cordura; y quienes agradecen el apoyo de Venezuela como parte de un todo, que es el proyecto socialista, solidario y cristiano en el que se encuentra Nicaragua.

Para estos últimos, el apoyo que Nicaragua da a Siria es un paso necesario hacia ese fin, que es sacar de la pobreza a miles de familias nicaragüenses. Qué importa si en algún lugar del mundo están muriendo personas por la represión de un gobierno, aquí todo bien, vamos hacia delante con nuestro proyecto.

Y no puedo dejar de preguntarme: ¿Qué hubiera pasado si miles de ciudadanos de otros países hubieran pensado lo mismo de Nicaragua y su revolución?. De aquella población nicaragüense que derrotó con sangre y esfuerzo a una de las dictaduras más crueles de la historia latinoamericana (que ya es bastante decir). Qué hubiera pasado si esos ciudadanos de otros países no hubieran exigido a sus gobiernos el cese de relaciones con el gobierno nicaragüense liderado por Anastasio Somoza Debayle. O si no se hubiera filmado a un miembro de la Guardia Nacional ejecutando a un periodista internacional.

No lo sé, no vengo aquí a dar respuestas, lamentablemente. Sí a contarles algo personal. Mi papá fue reportero de guerra en Barricada, el periódico oficial del FSLN. Personas como él se sacrificaron para llevar noticias a miles de familias que vivían preocupadas por sus familiares y por lo que pasaba en zonas remotas del país. Por él, y por periodistas como Marie Colvin y el fotógrafo Rémi Ochlik, rindo un homenaje a todos los que de una manera kamikaze nos llevan las noticias que luego trivializamos en el día a día, mientras seguimos con nuestras vidas y proyectos, porque aquí no pasa nada, esas son noticias Internacionales.

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