• Feb. 29, 2012, media noche

La desgracia económica que vive Grecia desde hace dos años como consecuencia de los brutales recortes estatales, podría describirse como la que vivió Prometeo, un personaje de la mitología griega que fue castigado por los dioses por robar el fuego y dárselo a los hombres.

En esta historia de trampas y engaños, los políticos de la Grecia actual ocuparían el lugar de Prometeo, la gente que le rodeaba sería la misma que hoy lucha en las calles de Atenas en contra de los ajustes y Zeus sería la Unión Europea.

Prometeo engañó a Zeus en un banquete cuando al sacrificar un buey en vez de darle de comer la mejor parte del animal, le dio a probar los huesos cubiertos de una apetitosa grasa. Al descubrir Zeus la trampa que le había urdido Prometeo se enfadó y privó a los hombres del fuego.  

El gobierno de Grecia también engañó a su Dios, pero no a Zeus, si no a la Unión Europea. Lo hizo cuando maquilló las cuentas públicas para ajustarlas a las exigencias económicas  que les dejaría entrar en el euro.  El partido conservador, que gobernaba Grecia en ese momento, aseguraba que el  déficit del Estado era de un 3,7 por ciento, cuando en realidad era de un 12,7 por ciento.

Pero hay diferencias con el engaño de Prometeo a Zeus. En el pergeñado por los políticos griegos, su Dios sabía que le estaban engañando, prueba de ello es que el actual Primer Ministro de ese país, Lucas Papadimos,  era uno de los funcionario de la Unión Europea que vigilaba las cuentas públicas cuando Grecia entró al euro.   

Esa mentira, que fue descubierta hace más de dos años por los organismos económicos, ha sido el principio de una cadena de castigos que ha caído sobre el pueblo heleno.

Para desafíos estaba Prometeo. Éste nunca hizo caso a los castigos de los dioses y continúo desafiándoles. Subió al monte Olimpo y  robó el fuego para que la gente pudiera calentarse. Tras enterarse Zeus de este segundo engaño decidió vengarse. Envió a Pandora, una mujer creada de arcilla, portadora de una caja que contenía todas las desgracias con la quería castigar a la humanidad.
Esa caja sería hoy comparable con el paquete de recortes de derechos a los griegos, impuesto por la Unión Europea y encabezados por la Primer Ministro de Alemania, Angela Merkel.  

En 2010 el gobierno griego, agobiado por la crisis económica que le dificultaba hacer frente  a las cuentas públicas, solicitó un préstamo a la Unión Europea y se comprometió a tomar medidas drásticas. Entre éstas estaba la disminución del salario a más de 600 mil empleados públicos en un 10 por ciento.  El recorte  de un 30 por ciento  de la paga navideña (aguinaldo) y el aumento  de la edad de jubilación de 60 a 63 años.  

Pero como si esto fuese poco para un pueblo que ha dado a Europa su cultura e identidad, Zeus decidió vengarse de Prometeo después de hacerlo con la humanidad.  Lo mandó a capturar para ser encadenado y lo llevó a una montaña grande donde todos los días llegaba un águila hambrienta a comérsele el hígado. Como era inmortal  éste se le regeneraba. Eso hacía que cada noche llegase el  cruel depredador a comerse el órgano, con lo cual el sufrimiento era eterno.

En abril del año pasado el gobierno de Grecia  se comprometió a aplicar unos nuevos recortes que contemplan el envío a la reserva de más de 30 mil funcionarios públicos previo al despido o a la jubilación. Aplicó  una segunda reducción del salario en un 15 por ciento. Los jubilados menores de 55 años perderían un 40 por ciento del importe de las pensiones.

Los dioses de la UE han sido más crueles que el mismo Zeus. Estos no solo han aplicado a los griegos los castigos de la caja que destapó Pandora, si no que sumaron a esa desgracia los que infligieron a Prometeo. Ambos castigos son sangrantes y  tienen la peculiaridad de ser eternos. Así que no se asusten los griegos cuando todos los días llegue el águila a devorarles el hígado, pues ahora lamentablemente no solo será parte de su cotidianidad, sino también que puede entrar sin pasaporte.    

En esta repetición del mito, los políticos-Prometeo tampoco deben temer nada. Fueron apartados de sus cargos, pero la parte del castigo que les correspondía no la pagaran  ellos. Otros hígados serán devorados y ya sabemos los de quien.

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