• Mar. 20, 2012, media noche

Hay dos cosas que a mi juicio han quedado claras en el debate sobre la despenalización de las drogas en Centroamérica. La primera es que Estados Unidos no quiere hablar de ese tema ni por más que se lo pida el mismísimo Tío Sam. La segunda es que la propuesta hecha por el presidente de Guatemala de legalizar las drogas, como medida para reducir la violencia en la región, tendrá que esperar más tiempo. De momento el tema ha sido planteado y es muy probable que de la próxima Cumbre de las Américas a celebrarse a mediados de abril en Colombia  se alcancen acuerdos importantes al respecto.

A inicios de este año el nuevo presidente de  Guatemala, Otto Pérez sorprendió a Washington cuando dijo a los periodistas que iba a proponer a los gobiernos de Centroamérica la despenalización del tráfico y consumo de drogas en sus territorios.

Lo hacía porque “la inversión para enfrentar ese flagelo ha sido multimillonaria, ha lesionado a los Estados y su capacidad de atender los problemas internos como la pobreza”.  Lo hacía también porque su país es uno de los que más está sufriendo las consecuencias del narcotráfico en la región, sobre todo ahora que los cárteles mexicanos han desplazado sus operaciones a la región, ante la guerra abierta que se libra en México contra ese mal social.

Pero el gobierno de los Estados Unidos entiende esta problemática desde una perspectiva distinta a la del resto de países centroamericanos. Para ellos el tema del narcotráfico y el consumo de drogas no es un asunto prioritario dentro de su política nacional, aunque digan lo contrario.

El vicepresidente de los Estados Unidos, Joseph Biden fue el último de una serie de funcionarios, entre ellos la Secretaria  de Seguridad que se  refirió  a la propuesta de legalización de las drogas del presidente guatemalteco. Lo hizo en Honduras, y como era de esperar, en la misma línea que  el resto de funcionarios norteamericanos oponiéndose a la propuesta de despenalización  y a continuar con la estrategia de militarización que está aplicado su gobierno en México.

El segundo al mando de  los Estados Unidos,  se reunió con todos los presidentes de la región centroamericana e hizo los compromisos que suele hacer su gobierno en estas reuniones.  Prometió apoyar la estrategia de seguridad regional con 107 millones de dólares para enfrentar el narcotráfico y el crimen organizado a pesar de la recesión económica.

Sin embargo el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega le recordó a Biden que en julio del 2011 el gobierno estadounidense prometió mil 800 millones para diversos proyectos y el combate al narcotráfico, pero que solo llegaron 80 millones de dólares.

Para el vice mandatario “Estados Unidos está absolutamente comprometido en ganar la batalla al narcotráfico.

Trabajamos para reducir la demanda de drogas en Estados Unidos y el flujo de armas a la región y nuestra responsabilidad es derrotar a la actividad en su conjunto”.

Lo que sucede en este caso es que el gobierno de Washington suele ser bastante contradictorio con este tema. El gobierno sostiene que legalizar las drogas es una gran amenaza para la salud pública y la seguridad. Sin embargo hay Estados de ese país donde han despenalizado la tenencia, consumo y cultivo de la marihuana con fines médicos.

Ahí está el Estado de California pionero en despenalizar los castigos sobre el uso de la marihuana con fines médicos, aprobado en un referendo en 1996. Para consumir marihuana solo basta estar registrado  en una lista médica y pagar un impuesto.

En los Estados Unidos hay 16 Estados, entre ellos Washington D.C, donde se permite el uso médico de la marihuana. En Arizona te permiten  portar 28 gramos de cannabis,  mientras que en la capital estadounidense  puedes tener más de 700 gramos.

Según la Encuesta Nacional de Drogas de los Estados Unidos realizada en 2010 ha aumentado el consumo de marihuana en ese país, que paso de 14.4 millones de consumidores a 17.4 millones. Cerca de 23 millones de jóvenes entre 12 y 17 años habían usado drogas en el 2010, una cifra similar a la de 2009.

La ONU presentó recientemente un informe en el que destaca la dramática situación que viven los países centroamericanos del norte (Honduras, Guatemala y El Salvador) donde en la actualidad operan unas 900 maras, integradas por más de 70 mil hombres que controlan el tránsito de las drogas.

Según Naciones Unidas las cifras de homicidios se han elevado en  82 por cada cien mil habitantes en Hondura; 65 en El Salvador; y  40 en Guatemala. Es tan dramática esta situación que  uno de cada 50 hombres que viven en el triángulo del norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala) morirá asesinado antes de cumplir 31 años.

Estados Unidos duda  de que la despenalización de las drogas en Centroamérica vaya a resolver los problemas de  delincuencia vinculado al narcotráfico, sin embargo  propone ampliar la estrategia de lucha frontal contra el tráfico de droga  que para muchos gobiernos esta  ha sido un fracaso.

En México ha servido de poco o nada la “guerra” que se libra contra los cárteles. Esa lucha ha provocado un aumento en los asesinatos, torturas y violaciones a los derechos humanos.  Se calcula que más de 50 mil personas han sido muertas en México como consecuencia de la violencia contra los cárteles iniciada desde  2006.

La organización  Human Right  Watch  denunció el año pasado que esa estrategia de acoso y derribo contra el narco en tierra azteca no ha dado fruto, y por el contrario, ha encontrado evidencias que sugieren violaciones a los derechos humanos por parte de los militares mexicanos, mismas que no se han investigado adecuadamente y que criminaliza a las víctimas.

La última palabra sobre este tema la tendrán los gobiernos latinoamericanos cuando se reúnan en Colombia. De momento es poco probable que se despenalicen las drogas en la región, pero en este tema, que es muy sensible para Centroamérica, Estados Unidos sabe que debe dar señales claras, pues en política, como con la mujer de César, no solo hay que ser honrado, si no también parecerlo.

http://tropecientaspalabras.wordpress.com/

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