• Mayo 5, 2012, media noche

Blog para Festival de Blog Nicaragua 2012 -Seguridad ciudadana

“Googlear”, “wikipedear”, “stalkear” son tres dimensiones de acción en el mundo de la hiperconectividad; cada una tiene sus matices, sus propósitos, niveles de penetración y siempre están yendo desde el “yo” hacia el “otro”. Si bien todas son apuestas riesgosas con algún grado de incertidumbre, su operatividad se dirige siempre desde la información hasta el conocimiento, desde la referencia hacia el voyerismo, desde la curiosidad hacia al fetichismo, desde lo permisible hasta crimen, desde la casualidad hasta la obsesión enfermiza; he a continuación una breve reflexión sobre estos tres universos:

“Googlear” es el común denominador para hacer uso de Internet. Si bien existen muchos buscadores, toda una generación planetaria ha dado preferencia a Google como el buscador por antonomasia de Internet. El fenómeno ha ocurrido a lo largo de la ultima década; y aunque el primer gran gigante en buscadores fue Yahoo, hoy éste despela un olorcito rancio como de tercera edad. En ese sentido, Google, en la etapa 2.0, ha creado las grandes autopistas de circulación en la Red. Ha hecho grandes apuestas monopolizantes pero no todas las ha ganado: Ganó con Gmail (correo electrónico), Picassa (fotografía), Chrome (navegador), pero a la vez fracasó con Buzz (competencia a Twitter) y fracasó con Google Plus (+1): la gran ansiedad por usurpar el fanatismo hacia Facebook.

No obstante, su buscador Google es su primera gran apuesta y no ha podido hasta la fecha encontrar rival en ese terreno. “Googlear” es sinónimo de “buscar” en Internet; todo internauta sabe que googlear es la primera acción para obtener referencias de un objeto, sujeto o hecho de la “vida real”. Podemos por ejemplo escuchar diálogos entre estudiantes como: -Googliemos al conferencista para ver quién es… (Clic) -Ala, este maje la parte,  -¿Por qué?, -Ya lo googlié y se ve pesado, -Mandame el link…(Clic).  Googlear nos aporta la posibilidad de conocer CVs, trayectorias y legados; si has hecho algo en el mundo y para el mundo has de estar en Google: alguna noticia, reportaje, imagen, video, blog, PDF; si sos “serio” alguien tuvo que haberte archivado en Google. Es la norma efectiva, astuta y seudo-detectivesca para conocer al “otro”.

“Wikepear” es más o menos “googlear” pero de manera más directa, precisa y farsantesca; tiene objetivos muy ligados al estudiante. Es un  “Plan B” perezoso de un estudiante que no quiere ir hacia la “teoría dura”, ni  leer una novela, una investigación ni sus ángulos; no quiere conocer elípticamente sino informase de manera lineal, a modo de carreras de 100 metros; entonces ahorras tiempo y trabajo simplemente wikipedeando al objetivo para encontrar su síntesis, su esencia ontológica o su “en pocas palabras”.

Por supuesto no todo el tiempo es confiable ni acertado “wikipedear”. Es siempre un riesgo pero ha sido el agua bendita para estudiantes y el dolor de cabeza para profesores. “Wikipedear” es la enciclopedia universal de los mediocres pero como también el mundo está lleno de profesores mediocres, es bastante fácil devolverles la pelota y meterles un buen gol si no están asociados a la cultura de la hiperconectidad.

Pero “stalkear” es un mundo aparte. Empezando que es necesario estar más adentro en la Red para hacerlo (registrado), para entenderlo, tolerarlo y ser víctima “de”. Debes haber pasado además por un ritual de iniciación que implícitamente te “vitaliza”, te “abyecta”, te “amoraliza” con escamas, agallas y te transforman en pez capaz de escurrirte entre las cuentas de otros usuarios como entre intersticios de rocas submarinas.

Que alguien te “stalkee” no es que acceda a tu CV ni a tu legado; es un acto más doméstico, más íntimo, como si ese pez tuviese la facultad súbitamente de penetrar hasta tu cuarto: ver tu cama arreglada o alborotada, divisar los colores de las paredes de tu habitación, recorrer tus recuerdos, conocer a tus amigos, a tus padres, hermanos, perros y chocoyos; también conocerá tu escritorio, tus deudas, matriculas, recibos y facturas; observará tus prendas tendidas sobre la silla, abrirá tu armario, sondeará entre fotografías, toallas y llegará hasta tu canastero para oler entre tus prendas lo que sos hoy y fuiste ayer. “Stalkerar” es un crimen no penalizado, avalado, un contrato entre el “yo” y “#QuienQuiera”. “Stalkear” es una acción reciproca entre los usuarios de las redes sociales que no ponen restricciones a su privacidad por ignorancia o principalmente por un deseo consiente o inconsciente de autofagia: desear ser objeto deborable para el otro, un acto permisible de “hackeo” como ofrenda entre el “yo” y “la otredad”. Sí, “stalkear” es una invitación que se permite el solitario para que “otros” le ayuden a encontrar lo que personalmente no pueden.

Cuando me volví experto en “stalkear” agudicé mis reglas. Determiné conocer 20 detalles antes sobre la persona (víctima) con la que quería establecer una relación (chatear, textear o tuitear). La comunicación siempre fue fluida, no había otro camino, siempre hubo insumos para alimentarla; yo tenía el control, las dimensiones de asombro, la escatología, las oportunidades para determinar los tonos, los reclamos, los delirios, las indiscreciones y confesiones que llevaran al grano. El plan siempre cumplía mis propósitos y me volví eficiente en autosatisfacer mis perversiones, una maquina monstruosa alimentada de significados; mis víctimas, ebrias, se inmolaban, se entregan, pedían a ruegos que mis colmillos penetrarán todo su cuello hasta exterminarlas; así que del vouyerismo pasábamos al cortejo, y del cortejo progresivamente al tacto, al sadismo y finalmente al canibalismo mágico.

…al tiempo, con un palillo entre mis dientes quedaba absortó de semejante banquete. Pero cuando mis escamas volvían a ser poros, y mi yo-animal devenía en humano, reflexionaba, me consultaba, me ensimismaba y preguntaba: ¿qué le pasa al mundo, qué le pasa a los seres para de un momento a otro  renunciarse así mismos, inmolarse ante lo desconocido, renunciar a la vida y dejarse atrapar por una red social que los transforma en anzuelos de co-dependencia? Erutaba y me iba por ahí caminando por las calles de mi linda Granada mientras pensaba que quizás la seguridad ciudadana tenga una interpretación tan pública que nunca se repara en la inseguridad que nos germinamos en esas intimidades sociales; la gente no encuentra el equilibrio, cuando una red social atrapa, uno se vuelve stalker y será víctima de un stalker, es la única forma de sobrevivir y entender las redes, es el sentido natural de su fascinación: abrirte, exponerte, entregarte a la autofagia; todo puede terminar bien o mal, todo dependerá de tu suerte…y claro está, esperando que un secuestrador no haya leído este artículo porque conocerá la manera más sencilla para rastrear su objetivo.

* El escritor es exbloguero, extuitero y usuario de Facebook en rehabilitación. Es aún consumidor moderado.

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