• Mayo 11, 2012, media noche

La muerte de Tomás Borge es uno de esos eventos que todos comentan. En las paradas de buses, trabajos, redes sociales, el sofá de la casa del amigo a falta de mecedoras en el porche…. Todos tienen su opinión y les pica la lengua (o las yemas de los dedos) por hacérsela saber a quien sea que esté al lado.

Algunos opinan sobre el evento televisado, como quizás lo hicieron después del funeral de la Princesa Diana, los Oscars, y otros sucesos que requieren una super producción; decenas de cámaras y unidades móviles, ya se sabe, "la magia de la televisión" es a magia, lo que poliéster es a frescura.

Otros fingen indiferencia, pero seguro vieron el funeral escondidos en su cuarto con el volumen bajo, como aquellos que en su momento negaron ver “El clón”, pero de repente se les salía un saludo en árabe.

Mientras, otros mantuvieron conversaciones acaloradas sobre la vida de Tomás Borge. Algunos se convirtieron en historiadores amateurs por varios días, citando pasajes recientes para fundamentar la opinión que tienen del personaje. Héroe o villano, depende desde dónde se vea, como ese lugar llamado “Plaza de las Victorias”, que en otra dimensión es también llamada “Plaza del Fraude”, y en la realidad no es ninguna plaza.

En todo caso, lo único cierto es que durante una guerra todos los bandos involucrados cometen atropellos, todos piensan tener la razón y hacen lo que hacen por “un bien común”. A partir de ahí las decisiones se toman porque alguien tiene que tomarlas, sin escuchar a los afectados, la historia les dará la razón, piensan, siempre esperanzados en que su bando será al que le tocará escribir esa historia.

Unas horas antes quienes seguían el evento por televisión se encontraron con la sorpresa de que en Managua había escasez de rutas. Estas cosas pasan de vez en cuando, y la gente ya se está acostumbrando a ello, parte de una cultura de acomodarse a lo que hay.

En todo caso, mucha gente al día siguiente sí hablaba de lo que les costó volver a sus casas. Algunos al ver las paradas repletas decidieron tomar un taxi, algo que muchos taxistas aprovecharon para “sacar tajada” de lo que estaba pasando. Quien crea que este partido político, o cualquier otro en el poder, puede controlar este tipo de atropellos dando vehículos nuevos a precios preferenciales, vive quizás en otra realidad.

Al final, cada cabeza es un mundo. Yo por lo pronto escucharé una vez más “Mi venganza personal”, versión de Luis Enrique Mejía Godoy, una canción que debo decir no conocía hasta este evento.

Mi Venganza Personal by Luis Enrique Mejia Godoy on Grooveshark

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