• Jun. 1, 2012, media noche

Todo estaba confuso. No me dolía nada pero a la vez me sentía destruida. Quería abrir los ojos. Necesitaba abrirlos porque la angustia me mataba (no sé si puede matarte cuando ya estás muerto). Escuchaba muchas voces confusas pero sólo una me era familiar. Era una mujer la que hablaba. Ella decía que me conocía, que yo no era de ese país.

Después de mucho esfuerzo logré ponerme de pie. Abrí los ojos y casi muero (otra vez). Un grupo de personas rodeaba mi cuerpo que yacía en una carretera de no sé dónde. Llevé la mano derecha hasta mi boca, tratando de evitar que el grito de horror escapara de ella, pero fue inevitable.

De pronto, la imagen se disipó y abrí los ojos a la realidad. Estaba en un cuarto de hotel en San Salvador y lo que había tenido era un delirio producto del pánico de haber caminado en esas calles donde el tráfico es más que peligroso. Siempre he sido una de las que ha levantado su voz contra la irresponsabilidad y salvajismo de algunos buseros y taxistas en Nicaragua, a los que llamamos “animales” frecuentemente cuando exponen nuestras vidas. Sin embargo, estando en el país vecino me di cuenta que ahí no hay calificativo que valga para los conductores en general.

La última cifra que la Policía Nacional de Nicaragua dio a conocer sobre el registro de los incidentes de tránsito es alarmante: 7,291 accidentes, 417 más que en 2011 a la misma fecha. Lo peor del caso es que el número de muertes incrementó en 32, llegando a 209 víctimas. Sin embargo, en comparación con El Salvador estamos muy bien, pues ahí contabilizan 374 muertos en 7973 accidentes; pero lo que llamó más mi atención fue que en el sumario de la nota presentada en La Prensa Gráfica se lee: “las autoridades destacaron que 222 de las víctimas eran peatones, muchos de los cuales habían cruzado de manera imprudente las calles”.

Y la pregunta es cómo te pueden calificar de peatón imprudente en un país donde en realidad los imprudentes son los conductores. Ahí no se conoce la cortesía, nadie te deja pasar en ningún lado, en las rotondas o redondeles los conductores de ruta hacen unas maniobras que a cualquiera le dan escalofríos, y pues viendo esto nosotros todavía circulamos con mayor tranquilidad, así que el reto para la Policía Nacional y para los conductores y peatones es no llegar a esos niveles, para lo que es necesario tomar conciencia de que la vida no es cualquier cosa.

La Policía Nacional insiste en que están haciendo su mayor esfuerzo para disminuir las cifras de muertos, sobre todo para evitar que los motociclistas perezcan por conducir de forma temeraria y sin protección, no obstante, considero que en Nicaragua hay muchos otros problemas urgentes que resolver en el sector transporte y por más que trato de ver la reacción de esta institución no logro entender cómo no ponen un alto a esos conductores de inter-locales que siguen viajando con exceso de pasajeros, o a los de las rutas que las sobrecargan al extremo de que no pueden cerrar las puertas.

¿Cuántas familias destruidas? ¿Cuántos accidentes fueron esclarecidos? ¿Cuántos conductores mataron a sus víctimas, se fugaron y siguen su vida como si nada? ¿Cuántos fueron liberados por tráfico de influencias?

Es hora de preguntarnos a dónde vamos a parar. ¿Será que llegaremos a índices como los de El Salvador?

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