• Abr. 23, 2012, media noche
Camila Vallejos
CORTESÍA / END

Camila Vallejos.

No los conozco. Jamás los veré. Pero a los padres de la joven estudiante chilena, Camila Vallejos Dowling, les tengo muy mala voluntad por la manera irresponsable como criaron a su linda nena, inculcándole, desde su más temprana edad, el veneno de sus ideas izquierdistas como lo más “edificante” que encontraron para labrar el futuro de su hija. Y que por su culpa, Anastasia O’Grady la haya calificado como “La bebé de los pañales rojos” y esté señalada en el mundo libre, como una jovencita incendiaria y peligrosa. Amiga de Fidel Castro.

 

Todas las frustraciones y resentimientos de la pareja formada por Reinaldo Vallejos y Mariela Dowling (padres de esta joven), al ver malogrado el gobierno populista de Allende, por el gorila Augusto Pinochet, se lo guardaron y depositaron enterito en la mente de la adolecente. Como una herencia maldita de desquite (con quien no tiene culpa alguna), que la ha llevado a andar enrolada, desde que tiene uso de razón, con anarquistas y comunistas. Y ahora ser la Presidenta de la Federación de Estudiantes Chilenos (FERCH), dirigiendo marchas estudiantiles violentas contra el gobierno democrático de Sebastián Piñera, como si este fuera un gobierno dictatorial.

 

El que su lucha reivindicativa sea objetiva, no justifica su extremismo de izquierda, ni su visita desafortunada al más vil de los dictadores de América Latina, Fidel Castro. Acompañada de otros jóvenes imberbes que también deseaban conocer a esa horrenda celebridad marxista-leninista, antes de que se vaya al infierno a disputar con Satanás.

 

Los padres de esta joven parecen ignorar de todo lo que es capaz este sátiro, que si la hubiera recibido unos veinte años atrás, de seguro le hubiera propuesto morbosamente el “reunirse a solas” con él, para sugerirle sexo, aprovechándose de su belleza e inocente admiración a su persona. Tal como un día le quiso “echar los perros”, sin éxito, a otra bella nicaragüense llamada Gioconda Belli, citándola una noche en privado, sin importarle que era la compañera sentimental del célebre jefe guerrillero Henry Ruiz (Modesto).

 

Porque es así, que cuando estos tiranos se sienten todopoderosos no respetan ni a su madre. (Nerón y Aristóbulo mataron a la suya). Pero la culpa mayor la tienen sus aduladores célebres, como Gabriel García Márquez, que siempre guardó su amistad con él, pese a haberlo visto cometer los más salvajes atropellos a la dignidad de los cubanos. Y fusilar a sus aliados.   Márquez y su mujer, Mercedes Barcha, en lo político, son un par de cínicos con doble moral, porque a sus dos hijos varones los mandaron al “odioso” imperialismo a hacerse profesionales: A Rodrigo García Barcha, el mayor, lo mandaron estudiar a la exclusiva Universidad de Harvard y al American Film Institute, para director de cine y televisión. Y a Gonzalo, al Parson School of Design de New York, donde sacó un BFA, y arte en París, Francia.

 

¿Por qué García Márquez y su mujer, si viven tan embelesados con los Castro, no matricularon a sus “fílmicos” hijos en el ICAIC? (el Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficas). ¿Y por qué nunca fijaron su residencia familiar permanente en Cuba, sino en México, París, Estados Unidos y Colombia, donde han vivido alternadamente? En Francia su dirección estaba en el lujoso distrito de Montmartre. Pero claro, para sus hijos lo mejor, pero para el pueblo cubano, miseria.  ¿Se puede tener una moral de vidriera peor que esta?

 

En Hollywood, Fidel Castro y Hugo Chávez tienen un rendido admirador en Sean Penn. Castro tiene a Jane Fonda, a Toni Hayden, a Michael Moore y al violento Lois Farrakan. El boxeador Mohammad Alí, con todo y su parkinson, no dejaba de realizar visitas regulares a la Isla, para saludarlo. Todos ellos invariablemente, “aborrecen” el capitalismo. Pero viven a sus anchas en él. Y tampoco le piden asilo político a Castro para irse a vivir a Cuba.

 

El pueblo canadiense (para darle puyas a su vecino) es descaradamente castrista y se cuentan entre los más fuertes inversionistas de importancia, después de España, que nunca olvidó la guerra del 98.

 

Eduardo Galeano
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Eduardo Galeano.

El uruguayo Eduardo Hughes Galeano, escritor de Las Venas Abiertas de América Latina, le guardó muchos años de rendida admiración a la revolución cubana, lo mismo que a la sandinista; y un tiempo, a Daniel Ortega. Hasta que un día cayó en cuenta de su craso error, que estaba apoyando una falacia y a una nueva élite oligárquica de “izquierdas”. Creadores de un Estado omnipresente y asfixiante, que ni siquiera permite la libertad de movilización dentro de su propio territorio nacional, como lo hace Cuba.

 

Esta transformación de Galeano probablemente le ocurrió un día que soñó a su mujer, Helena Villagra, haciendo fila en un barrio de Cuba, esperando por su turno de abastecimiento, para recibir sus tres libras de arroz mensuales, sus habichuelas negras, y tal vez, con un poco de suerte, un rollo de papel de baño. Porque carne, ni pensarlo. Y entonces despertaría horrorizado.

 

La verdad no la sabremos. Lo que sí sabemos es que este cambio de actitud y señal de justicia, sirvió para que otros celebres le retiraran su incondicional apoyo a Castro, como Ana Belén, Joaquín Sabina y el compatriota de García Márquez, Plinio Apuleyo Mendoza, entre otros. ¡Bendito Dios!.

 

Una rectificación moral que deseamos llegue muy pronto a la cabecita loca de nuestra Camila Vallejos. Empezando por que se libere de su principal manipulador, Camilo Ballesteros (un bicho raro del tipo Carlos Fonseca Terán), quien tiene el verdadero poder y el que maneja los hilos de todas esas manifestaciones callejeras en Chile que siembran el caos y atentan contra su democracia sólidamente establecida.

 

Camila debe abrir sus ojos y darse cuenta que vive un doble rasero; libre ella en Chile, pero de acuerdo con que en Cuba le violen sus derechos de viajar al exterior a la bloguera Yoani Sánchez que no puede salir ni un momento a respirar libertad. La que no tiene y se le niega en su casa-isla-prisión.

 

Tener doble moral es vivir la Ley del Embudo, donde yo vivo cómodo en la parte ancha. Mientras les pontificó “mi moral” a los que están allá abajo, en la más miserable estrechez. ¡Que descaro!

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