• Jun. 18, 2012, media noche

Honestamente, yo jamás supe que la precocidad intelectual de Rubén Darío hiciera, que a sus escasos cuatro añitos (en 1871), se supiera ya de memoria gran parte de las Sagradas Escrituras, y grabado además en su cabecita, hasta ¡quinientas páginas de un diccionario Larrouse!, como exagera un escrito por ahí. (Los diccionarios de esta marca los fundó Pierre Larrouse, en Francia, veinte años atrás, en 1851).


#Max Planck

Pero es a través de los devotos darianos que sabemos con certeza que a esa edad si sabía leer y que fue de joven un devorador de libros. Que a los trece años empezó a publicar sus primeros escritos y poemas, y que a los veintiuno publicó Azul, su primer libro fundacional, lo cual demuestra que fue un niño y un adolecente precoz para los estándares de su edad.

Por supuesto que como nicaragüenses nos sentimos orgullosos de que nos haya nacido un niño superdotado en Nicaragua, que revolucionó el castellano con su vasta obra literaria. Pero para mi gusto, hubiera preferido uno de esos genios físicos y matemáticos que ponen el mundo al revés, como Newton, Galileo, Einstein o Planck, pero misteriosamente, esos “mastodontes” (sobre toda en las teorías revolucionarias), se dan más en culturas y países desarrollados que piensan en idiomas diferentes al español, como en alemán, inglés, francés e italiano. ¿El por qué? Nadie lo sabe. Sólo hay teorías sobre el tema. Teorías que por cierto nos pueden llevar a conclusiones muy peligrosas.. como de que existen diferencias biológicas entre los diversos grupos humanos existentes en esta Tierra.

Para el tiempo de Darío no habían los test lógicos de hoy que midieran el coeficiente intelectual (IQ) de las personas superdotadas. Solo se daban una idea de sus cualidades geniales después de muertos, cuando les pesaban y medían la dimensión de sus cerebros, como hizo el sabio Debayle con el poeta. Los actuales y variados test que hay en la actualidad (como el famoso Mensa) nos dicen con precisión las capacidades matemáticas, geométricas, de lenguaje, memoria, aprendizaje y combinación  de planteamientos, que disponen estos excepcionales individuos en condiciones normales. Pero de acuerdo a las obras que nos dejó Rubén no queda duda que nuestro bardo rozaba los 140, siendo que los números para nosotros, las personas comunes, oscilan generalmente entre 80 y 100.

Pero Goethe, el gigante de las letras alemanas, tenía 210, y Albert Einstein (el físico judío-alemán) señalaba los 160.  Entre los italianos, los grandes renacentistas Miguel Angel Bounarroti y el florentino Leonardo Da Vinci, daban 180 por igual.  El francés Voltaire, topaba los 190. El naturalista inglés Charles Darwin, 160. Y hasta el revoltoso reformista Martín Lutero rayaba los 170 de IQ. Que tal.

#Akrit Jaswal

Hoy tenemos una nueva generación de ellos, como el niño Akrit Jaswal, que tiene una pasión desbordada por la medicina investigativa; Daniel Tammet, un matemático autista que “mira” la forma geométrica de los números. Prodigiosos como Magnus LaDue, que se enseñó a sí mismo a leer música. Pranav Veera, para quien los números y las operaciones matemáticas son una “gran diversión” y no un sufrimiento.
 

Tenemos a un excelso concertista de piano como el chino estadounidense Lang Lang.   A un natural de Indianápolis como Jacob Barnett que es un prodigio de la ciencia que visualiza la cuarta dimensión y quiere descubrir más misterios del espacio infinito, etc. Hasta llegar a Taylor Wilson un físico nuclear de apenas 18 años de edad, que recibió la visita del presidente Barack Obama, recientemente y que nos acaba de sorprender con la noticia que construyó un reactor nuclear funcionable en su casa. Y ufff.. ¡Cuánta creatividad para un mundo todavía tan desigual! Que esperamos con su ingenio puedan hacer de este, un lugar mejor habitable en el futuro. Sin barreras raciales.

Hay una hipótesis que dice que aunque no somos idénticos, en cuanto a raza se refiere, los países en vías de desarrollo y luego hasta los mismos subdesarrollados podrían alcanzar estos niveles de ingenio, si equipararan  sus niveles de vidas (principalmente de alimentación, salud y nutrición) con la de los habitantes de Europa, de Japón  y de los Estados Unidos. Cuando subieran sus economías y alcancen más madurez social.


#Pranav Veera

 Aunque por supuesto no faltará uno que otro cientista que todavía sostenga las posiciones reaccionarias del Bell Curve de Murray y Hernstein, que estratifica a la sociedad en razón de las capacidades cognitivas, prosperidad e inteligencia heredada de unos selectos individuos, separados de otros que no la poseen. Que llevó a Hitler a pensar en la aberrante posibilidad de la eugenesia.

Pero ¡Oh! ¡Ironías del destino! que además de la población europea, hoy en día puntean entre los IQs más elevados, los habitantes de Asia, los del Norte de la India y los llamados Judíos de Askenazic, que viven o vivieron en la Europa del este. La teoría humanitaria (y divina) se impone: Todos los hombres somos iguales en dignidad y en conocimientos, si tenemos la misma igualdad de oportunidades.

(nestor-martinez@live.com)