• Mayo 30, 2012, media noche

Cuando la rutina nos da un respiro, el bloguero lo aprovecha. Así, mientras algunos duermen y otros conversan con gente a quienes nunca van a volver a ver en sus vidas; "¿y vos a dónde vas?", conversación que esperan se extienda hasta el aterrizaje, no más, el bloguero se pone a lo suyo.

Les decía, aprovechando el receso, quiero contarles de uno de mis lugares favoritos de juego cuando estaba pequeño. Al Periodista en Pijama le gustaba jugar rodeado de reporteros, una rotativa, un laboratorio para velar fotografías, el lugar donde armaban el periódico con resistol y tape, la sala de juntas del Director, y cientos de otros recovecos.

El diario Barricada, que ya no existe, era ese lugar. Ahí toqué mi primera máquina de escribir, donde tecleaba usando las Ks y las Ys, decía yo que era porque estaba escribiendo en Ruso, el equivalente del momento, al menos en mi círculo, de lo que es ahora el inglés.

Luego de llenar media página, corría donde mi editor, mi papá, a entregarle mi reporte. Ahora que lo pienso, qué paciencia de chavalo, calculo que mi papá tenía menos de lo que tengo ahora y aguantar a un chatel como yo debe haber sido todo un reto. Claro, mi mamá no la tenía nada fácil tampoco cuando la iba a "visitar" a ella, pero esa es una historia para después.

En Barricada conocí a gente que hoy podrían decir en público que me chinearon, algunas blogueras y blogueros que ahora son "colegas". Menos mal que no hablan de esas cosas, mi pena sería monumental. Pero seguro que más de alguno ata cabos y se imagina quiénes son.

Ahí en Barricada también toqué mi primera computadora. Aunque ya no tecleaba en Ruso, igual seguía entregando mis reportes de manera urgente. Mi Editor ya no era tan chavalo, ahora tenía a gente siempre entrando y saliendo de una oficina, preguntándole cosas, ahora también era el Editor de otros.

Entre ellos un escritor-periodista nica que ahora vende sus libros en Amazon, y que por cierto tiene un libro donde parece describir a varios de los personajes de ese periódico. El Fabuloso Blackwell se llama. Dice mi Editora/compañera de vida, que se divirtió imaginando esos personajes en sus bares de reunión.

Había gente a la que no le hablaba porque me daba miedo. Una Editora que fumaba y fumaba, y que sentía me quedaba viendo como diciendo "qué jode este Rofoncito, no tendrá casa?". Hace poco en una fiesta le pedí un cigarro y me puse a "escupir en rueda", ve vos cómo pasa el tiempo.

Mi tío Noel, que ya no está, y de quien me acuerdo bastante seguido, sufría pagando mis cuentas del comedor de Barricada porque, como estaba a dieta, debía "camuflar" los picos y las gaseosas de esa manera.

Hace poco alguien me preguntó si me consideraba periodista. No, nunca me he considerado uno, y este blog se llama así porque admiro la profesión, la pasión y compromiso de muchos periodistas que he tenido el privilegio de conocer. Eso y que "reporteo desde mi casa". Y hoy que tengo algo de tiempo, quería darles las gracias por haberme dejado jugar a su alrededor.

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