• Jul. 31, 2012, media noche

El otro día me decía Migomismo, en broma-enserio, que debe haber quedado tan pijudo el parque Luis Alfonso Velásquez, que ninguno de los medios críticos al gobierno han dicho nada en contra de su remodelación, o mejor dicho, resurrección.

Increíble, ese parque del que tengo infinidad de recuerdos fue descuidado hasta dejarlo morir, quedando reducido a un par de canchas de tenis (sí, ese deporte cuyo último punto tiene nombre), unas otras de basquet y la seguridad de que si uno pasaba por ahí en plan turista camino al parque contiguo donde están enterradas cientos de AKA47 como símbolo del fin de la guerra de los 80s, mínimo salías con una taquicardia por huir de "los amigos de lo ajeno".

Esta pérdida-resurrección me ha llevado a darle vueltas a la siguiente idea: será que los nicaragüenses, acostumbrados a no tener muchas cosas, hemos olvidado cuidar las que sí tenemos.

Tanto nos costó alcanzar una paz y entendimiento relativo, por ejemplo, que a mí me ha dejado perplejo la capacidad con la que muchos nicas dicen, entre trago y trago, que están dispuestos a "luchar" de ser necesario en un futuro hipotético, delirio causado seguro por el repentino subidón de azúcar y deshidratación en el cerebro. Sorprendente disparate considerando que la mayoría de la gente que conozco nunca se enmontañó porque eran bebés. En cambio, ironía de la vida quizás, dejé de conocer a otros como mi tío, que dejó un bebé que le tocó conocer de primera mano lo mucho que se puede perder en una guerra.

Y si por un lado hay gente que se toma las cosas a la ligera y no ven peligro en alborotar avisperos como parte del "juego político" de la polarización, hay otros que parecen pensar que las cosas que uno sacrifica por conseguir "objetivos" siempre se pueden recuperar como por arte de magia, que no hay que cuidarlas porque no costaron tanto obtenerlas -alerta de tono sarcástico, querido lector-.

Al menos yo aún sigo esperando la restitución del aborto terapéutico. Han pasado algunos años y no hay debate serio ni indicios de que vaya a ser así. Ese rumor que corría entre alguna gente de que en algún punto, una vez conseguido los "objetivos", se iba a dar marcha atrás a esa alianza entre el poder y las iglesias con respecto a ese tema, ha quedado en eso, en rumor.

Puede ser que mi análisis raya demasiado en la simpleza, me disculpo, yo que no soy polítologo, ni me ha tocado la divina providencia, prefiero pensar que aún estamos a tiempo de darnos cuenta que tenemos mucho que perder, que si bien no tenemos "para tirar para arriba", quizás sí deberíamos estar orgullosos de lo que hemos logrado y asegurarnos de que futuras generaciones las sigan teniendo. En resumen, que no le pase a otras cosas lo que le pasó al parque.

 


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