• Ene. 8, 2013, media noche

De entrada aclararles que mi conocimiento de las matemáticas y cualquier cosa relacionada es casi nulo. Decirles que el único recuerdo que tengo de álgebra, por poner un ejemplo, es la portada del libro Baldor; un señor con vestimentas árabes delante de un paisaje que me hacía querer escapar y vivir aventuras desconocidas, pero de "X" o "Y" lo justo para estar aquí con mi Licenciatura en Periodismo en Pijama.

 

Camila Vallejos
CORTESÍA / END

Es importante prestar atención al comportamiento de los niños.

Valga la aclaración por lo siguiente. Hace unos días, una amiga me contó en un ejercicio de búsqueda de paz mental, que en su niñez sufrió de abusos. Alguien cercano a su familia le tocaba y manoseaba, luego la amenazaba que si decía algo nadie le iba a creer. En este caso, el abusador no llegó a más y mi amiga ha podido con los años sobreponerse a seguir viendo al "comemierda" ese durante todo este tiempo en eventos familiares (disculpas por el lenguaje fuera de tono, pero no encuentro razón para usar palabras disfrazadas para describir al sujeto ese).

 

Mientras me lo contaba, recordé relatos de abusos de dos amigas más. Una de ellas sufrió durante muchos años, y en ese caso el abusador sí llegó mucho más lejos. Ella denunció a ese otro "comemierda" y nada ocurrió, su familia le dio la espalda mientras todos le decían mentirosa y acusaban de querer herir a la familia. Así hasta ahora que ella ha tenido que aprender a perdonar, pasar página y tratar de vivir con las secuelas.

 

Ninguna de mis tres amigas estaba en "situación de riesgo", como dicen en lenguaje ONGesista. Ninguna vivía en un hogar pobre, en hacinamiento, o sus abusadores sufrían de alcoholismo o drogadicción.

 

Los abusadores, como les dije, eran parientes políticos o amigos de la familia. Pero bien pudo haber sido un hermano, un primo, un tío. El peligro no estaba "en la calle", sino dentro de la familia, una amenaza para la que muchos padres no parecen estar preparados.

 

Yo no tengo la más mínima idea de cuál es la probabilidad de que alguien como yo conozca a tres mujeres jóvenes que hayan sufrido abusos. Imagino que en Nicaragua el número de mujeres que han sufrido algún tipo de abusos debe ser alto, porque yo la verdad no creo mucho en las coincidencias.

 

Aclaro también que no estoy hablando de amigas que de repente empiezan hablar de sus historias en una mesa de tragos, sino de mujeres que evitan hablar del tema y en algunos casos lo tratan de mantener en secreto, y me han contado estas historias como una manera de sobrellevar sus vidas.

 

Cuando escuché a mi amiga me prometí escribir sobre esto. Yo sé que en los periódicos un día sí y otro también, se cuentan historias de mujeres que han sufrido abusos que muchas veces terminan en muertes violentas. Lamentablemente es muy probable que ese sea el caso si la historia está en la página de Sucesos, o quizás se recojan estadísticas y números si está en Nacionales, junto a la opinión de algún experto y la historia anónima de alguna víctima.

 

Y todo aquello se siente lejano, algo que le pasó a alguien en algún lado, -"seguro estaba en alguna situación de riesgo"- pensarán algunos mientras leen las historias. Yo que tengo amigos jóvenes con hijos, espero que estén preparados para esos peligros de "dentro", porque como les digo, no creo que sea coincidencia.

 

Quisiera invitar a amigas y amigos blogueros a "destapar" un poco este tema. No contando historias personales, porque creo que eso puede ser peligroso, sino advirtiendo de los riesgos que existen a los lectores de sus blogs, quizás compartiendo tips de cómo identificar a niñas y niños que estén sufriendo abusos, algún poster, etc, como ya lo han hecho algunas blogueras en redes sociales y sus propios blogs.

 

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