• Feb. 4, 2013, media noche

Después de escribir mi última entrada al blog, un pensamiento me ha rondado estos días sobre mi papel en la solución del problema de abuso y violencia contra las mujeres. ¿Será que por el hecho de ser hombre estoy más cerca de ser parte del problema que de la solución? ¿Será que los códigos culturales y educativos están tan ocultos en mí como el supuesto amor que debería sentir por el pinolillo o la prosa de Darío?

 

Adelanto: difícilmente en esta entrada termine diciendo que soy más parte del problema que de la solución. Daré varias vueltas al asunto tratando de convencerlo y sobretodo convencerme de que soy parte de la solución. Ya saben, a uno le gusta tener una visión positiva de uno mismo, al menos a mí me pasa. Andar por la vida creyéndose el malo de la película no es lo mío.

 

Decía... ocurre de vez en cuando que uno trata de ser autocrítico, se ve al "espejo", se estudia detenidamente y hace un análisis "objetivo" desde su propia visión, valores, principios y amor propio, algo de lo que uno no se puede deshacer fácilmente.

 

Y sólo a veces también nos tomamos el tiempo de pensar qué haríamos en caso de ganar la lotería ¿despilfarraría el dinero o lo utilizaría adecuadamente?... O cosas más probables como: ¿actuaría diferente si tuviera una hija en lugar de un hijo, o viceversa?; ¿existe alguna situación en la que podría llegar a pegarle a mi pareja?; ¿qué pasaría si escribiera todos mis blogs con enfoque de género, se harían más largos pero más equitativos o sonaría a discurso panfletario?... Todas preguntas que surgen en momentos de ocio o depresión severa, por ejemplo, mientras se espera ser atendido en el banco un 15 de diciembre, situación que recoge ambas.

 

Estas ideas que me han rondado tuvieron su momento cumbre después que una amiga, a quien estimo mucho, me dijo recientemente que aunque era una excelente persona, también era un hombre. La frase no me indignó ni me pareció en "mal plan", en cambio me sacó una sonrisa congelada que decía "pues sí".

 

La frase fue el empujón que necesitaba para considerar mi proceso de autocrítica sobre el tema (ver primer párrafo) un asunto de máxima prioridad entre las cosas que pienso a diario, que me gustaría decirles son todas importantes, pero causaría en usted, querido lector, un espasmo de risa incontrolable o la sensación de asco que a algunos les causa el "tibio".

 

Algunas de las preguntas que me planteé relacionado a mi papel comenzaron a encontrar en mí respuestas ambiguas y un "no sé", sobre todo porque las situaciones hipotéticas comenzaron a incluir elementos como licor, infidelidad… o cosas más concretas como el color de ropa que compraría si algún día tuviese una niña, o la respuesta que daría si algún día tuviese un niño y me preguntara si es normal que le guste otro niño.

 

No tengo el conocimiento de mí mismo para responder a muchas de estas preguntas, y no me refiero a una en específico, sino al hecho de saber que en muchas situaciones me “desconozco", actúo o digo cosas contrarias a lo que pienso, o he terminado enfrentando situaciones difíciles de mi vida como he podido, no siempre de la mejor manera para mí u otras personas, sino tal vez cayendo en el estereotipo de hombre; sonrisa congelada.

 

En vista de este proceso de autocrítica y autoconocimiento, a punto de terminar enero anuncio mi resolución de año nuevo 2013: conocerme mejor y ser parte de la solución.

 

Migosmismo piensa que ya era hora.

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