• Feb. 5, 2013, media noche

Nueve meses, 270 días, 6480 horas.

 

Ese es el tiempo que tengo de no poder relacionarme con mis hijos, Alejandro (6 años) y Elena (3 años) por capricho, venganza, egoísmo de mi ex conyugue.

 

Hay una sentencia de Divorcio en la cual se me da derecho de ver a mis hijos cada 15 días, de 8 a 5 de la tarde. Sin embargo, esta sentencia que está firme para poder ejecutarla han pasado más de 4 meses, sentada en los juzgados de familia de Chinandega, y esperando que el juez de turno tenga la voluntad o el tiempo para ejecutar la misma.

 

Mientras tanto me toca, esperar, ya que no puedo recurrir a ninguna institución para que pueda hacer valer mi derecho de padre y de relacionarme con mis hijos.

 

No existe ley que penalice en Nicaragua a la madre, cuando de hecho interrumpe, manipula, excluye al padre de la vida de sus hijos.

 

Sin embargo, si hay penalización si los padres dejan de pasar la pensión alimenticia. ¿Y que pasa en el caso de que el padre cumple, y la madre, de hecho le siga negando el derecho de ver a sus hijos?, y verlos no significa verlos bajo las condiciones de la madre, ni supervisarlos es tener una relación abierta padre e hijos. Incluyendo a la familia paterna. Abuelos, tías.

 

Hay un vacío en la ley que no contempla esta situación y muchos padres, responsables que quieren tener una relación con sus hijos son negados de la misma. Sufrimos entonces de Padrectomia.

 

Es que la padrectomia es la otra violencia familiar.

 

Pero que es el concepto de Padrectomia, es “El alejamiento forzado del padre, cese y extirpación del rol paterno y la pérdida parcial o total de sus derechos ante los hijos” (R. Fay y Nelson Zicavo 1999:9)

 

Es un proceso ascendente que tiende a la destrucción funcional y síquica del padre y provocar el síndrome del padre destruido, donde el rol se ve anulado y la constelación de síntomas provocados por la carencia de sus hijos lo llevan a la pena, vivencia de perdida, angustia, rabia, desazón, miedo, incertidumbre (Zicavo, 2006:25).

 

Hasta qué extremos llegan las madres por revanchismo, venganza, egoísmo para apartar a sus hijos de la relación Padre e hijos. Inclusive hasta de poner falsas denuncias para desprestigiar al padre y poder despojarlo de autoridad paternal. ¿Y el daños a los niños? ¿Por qué necesita un niño a su padre?

 

El hombre necesita a su padre para tener su historia completa, saber de dónde vino y a donde va. Poder mirar hacia atrás y no tener un agujero negro. No encontrar una muralla de silencio o un cumulo de mentiras cuando uno interroga sobre su progenitor.

 

El niño/niña ante todo necesita equilibrio y ese equilibro solo se logra si tiene una relación con ambos progenitores.

 

Podríamos decir-exagerando- que la madre no quiere que crezca, porque siente que lo pierde, que se le ira. Mientras que el padre lo empuja para que crezca, lo quiere grande ya, porque quiere hacer cosas con el o con ella. (Un pere, pour quoi faire?, Yvon Dallaire, M. Ps.)

 

Ambas actitudes son necesarias para que el bebe, el niño y el adolescente crezcan por que el ir hacia adelante requiere afirmarse hacia atrás, avanzar y retroceder y volver avanzar. De este tipo de cosas hablamos cuando referencia al equilibrio que da al niño la presencia de ambos padres. El hijo necesita que lo empujen y necesita que lo acunen.

 

La construcción mental del niño depende del padre como de la madre y depende también de lo que suceda entre ellos, de cómo ellos se comprometen en su crianza, mas allá de cuales sean sus lazos maritales. Un padre ausente suele significar una sobre presencia materna.

 

En nuestra sociedad cuantas veces hemos escuchado lo siguiente: “Mi hijo nunca necesitó a su padre y es perfectamente normal, no tiene ningún trastorno, es mas nunca lo quiso conocer”. Pero lo que hace y dice el niño contradice a la madre, tan ostentosamente que sólo la ceguera de quienes no quieren ver puede mantenerlas en la ignorancia. (Un pere, pour quoi faire?, Yvon Dallaire, M. Ps.)

 

No es que los niños digan “mentira mamá yo quiero conocer o estar con papá”, pero la forma de apegarse a los hombres que aparecen en la casa, la manera de buscar aliados que se interpongan entre su madre y él, son algunas de sus más inocentes y menos violentas maneras de expresar sus Carencias.

 

“Yo he tenido que hacer de mamá y papá” Admirables y abnegadas madres que pelearon con todas sus fuerzas para salir adelante solas tratando de criar a sus hijos lo mejor posible. Ellas saben mejor que nadie que no es fácil reemplazar al padre y que a veces es imposible. (Un pere, pour quoi faire?, Yvon Dallaire, M. Ps.)

 

Porque la relación paterna -cuando se establece- dura toda la vida.

 

La falta de uno de los dos progenitores genera un vacio imposible de llenar. Si bien sus funciones mediatamente cumplidas por otros, la búsqueda del padre perdido será eterna.

 

Al interrumpirse la bipolaridad, en el caso de ausencia del padre, se produce una sobrecarga sobre la madre y en muchos casos una híper-presencia de esa madre que anula la personalidad del hijo/a.

 

Más que las guerras, las enfermedades mortales o los desastres naturales es el egoísmo de la madre y/o del padre que suelen dejar mayor cantidad de huérfanos esparcidos por doquier.

 

No puede aceptarse que cuando el padre no quiera a la madre, abandone a los hijos; no puede ni debe aceptarse que cuando la madre no quiere al padre, haga todo lo posible para que los hijos de ambos tampoco lo vean, lo quieran o se relacionen con el y la familia paterna.

 

Abandonar a nuestros hijos es abandonarnos a nosotros mismos, trasladar nuestros odios, rencores y frustraciones a nuestros hijos es reproducirlos y amplificarlos al infinito. (Un pere, pour quoi faire?, Yvon Dallaire, M. Ps.)

 

¿De qué sirve preocuparse por darles una buena alimentación y educación, si al mismo tiempo les amputamos la mitad de su ser, haciendo desaparecer al otro progenitor?

 

Querer matar al padre o a la madre en el corazón de un niño ¿Es menos grave que simplemente matar? Para el niño/a no. (Un pere, pour quoi faire?, Yvon Dallaire, M. Ps.)

 

Al final, a mis hijos los veré, eso lo sé en mi corazón. Alejandro y Elena los amo. Pero el tiempo que se me ha robado de verlos, gozarlos, reír con ustedes, llorar con ustedes, esas horas perdidas nadie me las devuelve, se han ido para siempre. Y no existen leyes que penalicen acciones como la de mi ex-conyugue. Y sigo esperando, la ejecución de la sentencia… en el juzgado de familia de Chinandega.

 

Las horas pasan, los días, las semanas, los meses... son las horas perdidas.

 

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