• Feb. 11, 2013, media noche

Maria Magdalena habia horneado pan endulzado con miel de abejas, y mercado algunas frutas para Jesús y el grupo. Ella sabia lo mucho que le gustaban al Maestro, los higos y las granadas. El grupo estaba de paso por Nazareth, donde él habia crecido. Y Jesús aprovechaba el descanso de la tarde sentado en lo más alto de la colina, mirando la magnifica vista que ofrecia desde ahí, el Valle de Esdrelón. Mientras el resto dormia placenteramente después de la larga jornada de camino, del dia anterior.

 

MagdalenaPero María portaba una angustia. Un rumor oído en el mercado la habia sobrecogido. Una noticia que de ser cierta, habia de causar mucha tristeza a Jesús y a los muchachos. Tomó entonces la canasta y subió adonde él estaba. Y al acercarse, Jesus le hizo señas con una sonrisa y con sus manos, indicándole la piedra donde se sentaba.

 

Ella miró con el resplandor su negrísimo pelo radiante; las lineas suaves de su rostro y sus dientes blancos. Y le dijo: “Rabí, he traído pan recién hecho y las frutas frescas que tanto te gustan. Espero no molestarte si estabas en oración.

 

“Por qué habias de hacerlo” le inquirió Jesús, ‘ven y siéntate conmigo’ y agarrando un par de frutas empezó a comerlas con apetito. Ella se sentó en una piedra con espaldar, mientras Jesús le referia que su madre lo traia de niño a este sitio para contarle las viejas historias de su pueblo.

 

Sobre todo la que más le gustaba: La historia de Débora (regalo, don ) la jueza heroína que encabezó la lucha de su pueblo contra el rey cananita Jabin, que los afligia duramente. Barac necesito de Débora para vencer a Sísara, pese a que las mujeres eran consideradas ciudadanas de segunda categoria, como se puede leer en Jueces (Caps. 4 y 5).

 

Y continuó: ‘Me comentó también que las amenazas, las maldiciones y las calamidades que el pueblo sufrió, en tiempos de Daniel, se debieron a su propio pecado, al elegir el mal y la injusticia, en vez del camino recto de su Señor (Dan 9).

 

Y de cierto, esa situación les duró hasta que Gabriel, de parte del Altísimo, se le apareció diciéndole: “Escucha, he venido para instruirte. Setenta semanas (70) están fijadas sobre tu pueblo y sobre tu ciudad, para poner fin a la perversidad.. Para borrar la ofensa e instaurar una justicia verdadera…Pasadas sesenta y dos (62) semanas será muerto un ungido justo y la ciudad y el templo serán destruidos..El Devastador (que les dio un rosario de aflicciones) colocó un ídolo abominable en el templo, hasta que la ruina decretada por Dios cayó sobre él. Y el Señor perdonó a su pueblo por que su Nombre al fin habia sido invocado.

 

María estaba absorta. Tanto, que habia olvidado por un momento la noticia que habia de comunicar a Jesús y al grupo. Y sin subir la cabeza le dijo al Señor, “Rabí, hay una mala nueva: Juan el Bautista ha muerto. Herodes Antipas le ha ejecutado cortándole la cabeza y puesta en bandeja para su hijastra Salomé. Eso se dice. Eso es lo que corre de boca en boca por las plazas”.

 

Entonces Jesús conmocionado, llamó al resto, mientras le pedia a Maria Magdalena si podia apoyarse en su cuerpo. María asintió. Y El abrazándola, puso la cabeza sobre su hombro, clamando: “Oh Juan, primo mio. Ninguno nacido de mujer fue más grande que tú, ninguno”. Y María sobaba su pelo y evitaba mojarlo con sus propias lágrimas, hasta que Jesús de tanto sollozar se le quedó dormido.

 

Enviar eMail al autor

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus