• Feb. 12, 2013, media noche

Si nos dejáramos llevar por los misterios, diríamos que le ha llegado la hora de la verdad a las profecías de San Malaquías, como en su momento le llegó a las profecías mayas: Joseph Ratzinger, ha puesto su renuncia ante la Santa Sede y ha dejado vacante la Silla de Pedro. Y la barca debe elegir ahora un capitán nuevo. Posiblemente al pastor más audaz que jamás haya tenido en su rica y agitada historia.

 

PapaAlguien que sea águila y león a la vez. Y que tenga un corazón de acero. Porque los retos que le esperan serán los más difíciles y decisivos que habrá de vivir toda la grey católica. Tiempos de guerra. De pestes. Tiempos de persecución. Días de huida. Pero a su vez, tiempos de gran esperanza y significado escatológicos.

 

La visión de Malaquías no pudo ser más espeluznante: “Durante la persecución final de la Santa Sede de Roma, reinará Pedro Romano, quien apacentará a su rebaño entre muchas tribulaciones, tras lo cual la ciudad de las siete colinas será destruida y el juez terrible juzgará al pueblo”. Entonces la iglesia tendrá una larga lucha que atender y los creyentes orar muchísimo.

 

Benedicto XVI es todavía el pontífice número 265 de la iglesia católica y su séptimo Jefe de Estado. Pero en la lista de Malaquías es el papa 111, el penúltimo de su lista. Y al renunciar ahora, ha acelerado la llegada de Pedro Romano, el papa sin número, pero que calza el 112. El papa de la gran tribulación.

 

El de la tercera guerra mundial. El papa que coincide con más reyes temporales poderosos . El del choque de civilizaciones. O peor aún, el de la actividad más destructiva del sol. Escenarios todos de muerte total, cualquiera de ellos. Y mal hacen los que se alegran de la renuncia del papa Benedicto XVI.

 

Los conocedores de los misterios han sabido, desde siempre, que los finales de los tiempos (o todo acontecimiento apocalíptico) han estado ligados al destino de la iglesia católica: a su persecución o a su caída. Y a ello contribuyen todos los que desean la aniquilación de la “gran ramera”.

 

Sin saber que también irán ellos en el mismo saco. Porque sus dolores anuncian la llegada inminente de un enemigo común: El Anticristo. A no ser que esa “colaboración” la hagan conscientemente. Y sean también ellos anticristos.

 

Nostradamus no ve a otra iglesia asociada a estos acontecimientos, que a la iglesia de los papas. Igual Malaquías, igual el Papa Pio X, y otros videntes no religiosos. Y esa asociación no significa que ella sea una iglesia “perdida” sino al contrario, vista desde la óptica que es la iglesia que precisamente odia Satán y que desea aniquilar. Algo que debería poner a pensar al resto de la cristiandad. Dado que Satanás no destruiría a un aliado porque tendría “un reino dividido”.

 

Esperamos pues que la iglesia sea sabia al elegir al posible sucesor de Ratzinger. Y si fuera un latinoamericano, mejor. Pero “Pietro Evesio Tarcisio Bertone”, nacido en Romano, Caravese. Está a la espera y encaja muy bien con la profecía. Y la única posibilidad de salvarnos por un rato más, sería que Malaquías no haya contado en su lista, a los llamados antipapas. En cuyo caso el próximo pontífice sería apenas el 102.

 

¿Fallarán las profecías de Malaquías, como fallaron las profecías mayas? ¿O más bien encaja perfectamente la combinación año 2012 con Papa 112? Si fuera así, que entonces Dios nos guarde, en Nicaragua o donde fuera.

 

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