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No parecía haber forma de frenar el ímpetu demoledor de LeBron James, excepto en los cinco minutos de alargue, cuando su voltaje fue reducido y se le cerró el cesto. Faltando 10 segundos para caer el telón, desde el fondo del ataúd en el que reposaban los restos de los agobiados Cavaliers, LeBron consiguió los únicos dos puntos de su equipo, barrido 10-2 en la definición, por unos Warriors que reaccionaron rápidamente a una desventaja de 10 puntos 29-19 en el primer cuarto. Ese doble, que no tenía ningún valor ni el menor significado, simplemente mostró al hombre más productivo en la cancha de Oakland, culminando en forma inútil un esfuerzo colosal. Esfuerzo que le permitía gritar: “Perdimos, pero no por mi culpa”.

FUE UNA PELEA BRAVA
Un LeBron rugiente, que falló dos libres consecutivos y perdió la posesión de una pelota frente a Iguodala, en momentos que vistos posteriormente por el espejo retrovisor, tenían gran importancia, marcó 44 puntos en 46 minutos con 8 rebotes y 6 asistencias, en otro de sus alardes en rendimiento; en tanto el ágil, flexible, astuto e incontrolable Stephen Curry supo picar oportunamente con 26 puntos, 4 rebotes y 8 asistencias, siendo limitado a solo dos triples en seis intentos, sin fallar cuatro libres. El duelo entre LeBron, el mejor jugador en el baloncesto actual, y Curry, el Jugador Más Valioso de la temporada, respondió a las expectativas en un partido tan frenéticamente disputado, en el que se registraron 13 cambios de mando en la pizarra y 11 empates.

Con ventajas de 29-22 y 25-22 en el segundo y tercer cuartos, los Warriors borraron la diferencia de 10 y establecieron un equilibrio 73-73 antes de entrar al cuarto período registrando un férreo abrazo 25-25 que extendió el equilibrio 98-98, después que Kyre Irving, más adelante fuera de combate severamente golpeado, impidiera un doble mortal de Curry arañando la pelota en lo alto y desviándola casi imperceptiblemente, y tanto LeBron desde la izquierda y Shumpert desde la derecha, fallaran disparos contra reloj que sentenciaban el juego. Todo eso ocurrió en una eternidad de 30 segundos y la intriga viajó a bordo de un tren bala al tiempo extra.

NI SMITH, NI SHUMPERT
Sin el aporte de Kevin Love, no hay “Gran trío”, y el problema se agranda con Kyre Irving batallando con problemas musculares, lo que obliga a LeBron a cargar con el peso de una montaña intentando empujar a los Cavaliers; en cambio, la recuperación de Klay Thompson, plenamente comprobada en el primer juego, permite a los Warriors contar con todas las piezas de su engranaje, funcionar normalmente. Aunque Mozgov fue útil, se esperaba más de J. R. Smith y de Iman Shumpert, pero Smith solo fue visto con sus tres triples en 13 intentos, terrible porcentaje, y Shumpert cerró con 6 puntos y 2 rebotes, como si no hubiera llegado. Su momento de gloria lo malogró fallando, pese a tirar destapado, un disparo matador con el 98-98 brillando en la pizarra.

¿Fue mérito de la reputada defensa de Golden State, mantener sin puntos durante casi cinco minutos a los Cavaliers? En parte, no totalmente. Cleveland perdió puntería y se fue de 8-0 consiguiendo posiciones de tiro, mientras los Warriors se distanciaban. Eso sí, fue un gran partido, y de regresar Irving restaurado, hay mucho que discutir en esta serie. Claro se necesita que Smith y Shumpert hagan algo por los Cavaliers.

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