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La selección brasileña se resume hoy en un nombre: Neymar. Lo demás es relleno.

Podría resultar injusto, pero la verdad es que Brasil, otrora fábrica de "cracks", hoy padece una inmensa escasez.

Y Neymar, con su cresta y brillantes en las orejas, es de lejos el mejor jugador con el que cuenta el técnico Dunga, excapitán del equipo campeón en 1994, con leyendas como Cafú, Romario, Bebeto y Ronaldo.

Hábil y veloz, los regates de este menino de 23 años son una especie de baile, que terminan humillando a los defensores.

Esa técnica insolente con goles en ráfaga, mezclados con nuevos dotes de liderazgo le valieron el brazalete de capitán desde la llegada de Dunga.

En 62 juegos vistiendo la camiseta auriverde, el atacante suma 43 goles.

El “11” del Barsa

Después de una primera temporada correcta en el Barcelona, Neymar se afianzó como una pieza clave en el mortífero tridente ofensivo del club culé, con Lionel Messi y Luis Suárez, que acaba de ganar la Liga de Campeones de Europa.

Tiene, no obstante, una tendencia incorregible a caerse por nada, para simular una falta en contra.

Por otra parte, su "jogo bonito" ha sido blanco de duras críticas, inclusive de su entrenador Luis Enrique, después de una linda filigrana en la final de la Copa del Rey, que desató la molestia de los jugadores del Athletic de Bilbao.

"Se pueden enfadar, pero es mi tipo de juego y lo hago así desde hace años. No porque otras personas se enfaden voy a cambiar de tipo de juego", dijo entonces.

"Yo si fuera jugador del Athletic respondería igual o peor. En Brasil eso es normal, hay que entender el contexto. No lo hace para humillar a ningún rival, es difícil explicarlo cuando alguien está perdiendo pero intentaremos controlar esto”, lanzó Luis Enrique.

Ya en la seleçao tendrá luz verde para hacer lo que quiera.

7-1

Nadie imaginó que una fractura en una vértebra salvaría a Neymar de la más grande humillación sufrida por la selección brasileña: el 7-1 frente a Alemania.

En un principio el atacante se quedaría al lado de sus compañeros para darles apoyo moral, pero los médicos y la familia decidieron que era mejor que reposara en su casa. Y desde allí vio el juego.

Neymar --¿el nuevo Pelé?-- llegó al Mundial con las esperanzas de todo Brasil sobre su espalda. El “sueño” de conquistar la sexta estrella en casa se hizo añicos a los 26 minutos de aquel fatídico encuentro en Belo Horizonte, cuando Brasil ya había permitido cinco goles.

Pero "Ney" salió ileso de la humillación. Hay quien piensa que si hubiera estado en campo, el desenlace hubiera sido diferente.

Superstar

El fenómeno Neymar sale definitivamente del campo. Los niños y jóvenes piden “un Neymar” al peluquero y quieren vestirse como su ídolo, mientras las chicas gritan incontrolables y febriles al verlo pasar.

Y si algo heredó Neymar de Pelé, además de formarse ambos en el Santos, es esa facilidad ante las cámaras y su gusto por la publicidad. El "menino" no tiene vergüenza y por una enorme cantidad de dinero puede salir, por ejemplo, modelando semidesnudo para vender calzoncillos.

Es así como la revista estadounidense Sports Pro lo colocó como el segundo mayor deportista con mayor potencial de mercadeo en el mundo --en 2012 y 2013 fue el primero--, por detrás de la tenista canadiense Eugenie Bouchard.

El fenómeno fue descubierto en un torneo escolar y a los 13 años firmó su primer contrato. Salario: 450 reales (unos 140 dólares hoy), de los que sus padres pagaban un décimo a una iglesia evangélica.

Hijo de un futbolista profesional, Neymar pedía siempre un balón de fútbol en su cumpleaños y ya entonces mostraba una técnica alucinante en el fútbol sala.

Este joven desgarbado, de 1.74 metros y 58 kilos, se convirtió en jugador profesional a los 17 años, en 2009, y su juego ha dejado a más de uno boquiabierto, al punto que uno de sus goles consiguió el premio de la FIFA al mejor gol de 2011.

¿El nuevo Pelé? Quizás más importante, el heredero de su mentor, Messi.

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