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Cada vez que los Warriors de Golden State despiertan, se mueven o intentan hacer algo, “el dinosaurio está ahí” como diría Augusto Monterroso. LeBron James es un guerrero triunfador que se abre paso haciéndose sentir a base de poder, destreza y autoridad, logrando crecer hasta niveles impensables y desorbitados como se ha mostrado en los tres primeros juegos de esta final marcando la cifra récord de 123, permaneciendo casi todo el tiempo en la trinchera en pie de guerra, retando el desgaste, desesperado por ser útil, ansioso de vencer.

El grave problema de los Warriors es que LeBron siempre está ahí, en el sitio correcto, en el momento apropiado, cargado de vitalidad, estableciendo diferencias. No hay manera de alterarlo, de desajustarlo, de neutralizarlo. Su capacidad destructiva funciona con demoledora precisión. No hay duda sobre su superioridad en el firmamento de la NBA, y consciente de eso, está intentando cargar sobre sus espaldas con la gigantesca responsabilidad de llevar a los Cavaliers al campeonato, obviando las pérdidas de Kevin Love y Kyre Irving.

LA FURIA DE JAMES

Todavía me cuesta creerlo, pese a la significativa ventaja de 2-1 y el aporte que está ofreciendo el australiano Matthew Dellavedova, no solo con un marcaje excepcional corta-alas a Curry, sino integrado a la ofensiva como apoyo de James, quien casi siempre se encuentra acosado por dos o tres hombres, obligado a disparar desde las posiciones más incómodas. Eso hace más admirables sus 40 puntos con 12 rebotes y 8 asistencias, aproximándose a un segundo triple doble consecutivo, rendimiento solo logrado por Wilt Chamberlain y Magic Johnson.

LeBron impresionante, incansable, jugando casi sin descanso y sin desmayo, robó cuatro pelotas y agregó un par de tapones. No era su pretensión superar la marca de 122 puntos en tres juegos de final consecutivos en poder de Rick Barry, pero lo hizo luego de saltar sobre Michael Jordan (117) y Jerry West (118). Un “dinosaurio” como LeBron es una rareza en estos tiempos, pero ahí lo tenemos, provocando asombro noche tras noche.

UNA SEÑAL

Masticando rabia por no haber podido sacarle máximo provecho al recorte de una diferencia de 20 puntos (68-48), faltando dos minutos en el tercer período, a solo tres (94-91) en los últimos segundos, los Warriors se sintieron estimulados por haber dominado el cierre de juego 36-24 con Stephen Curry desbordado tirando desde la zona de tres puntos y haciendo estragos. “Es así como tenemos que jugar, como lo hemos hecho a lo largo de la campaña y los play offs”, dijo calmo Curry, el Más Valioso.

La duda más grande gira alrededor de la resistencia física sin desgastarse hasta romperse de LeBron, única forma de poder mantener su efectividad, en tanto, crece el temor por el crecimiento de Curry, controlado por Dellavedova en rotación con Shumpert, Smith y cualquier otro, pero escapado y dañino el martes en los últimos 12 minutos. Una combinación de esfuerzos Curry-Thompson contra LeBrón, solo vista en el primer juego, podría hacer girar la serie. Mientras tanto, el “Dinosaurio” está ahí, amenazante, gruñendo.

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