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Un estallido de júbilo se escuchó en el estadio Chales Solís. Arrancó la gran final del Campeonato de Beisbol Germán Pomares Ordóñez, Matagalpa vs. León. El sonido ensordecedor de los pitos no paró de sonar, las gargantas de los aficionados norteños y metropolitanos se afinaron con anticipación para articular gritos de apoyo sin cesar. Anoche se vivió una fiesta, aunque para el local tuvo un sabor amargo por el sufrimiento de sucumbir sin mostrar síntomas de resurrección.

Una hora antes del partido, que inició a las 5:00 de la tarde, previendo una posible lluvia que arruinara el festín beisbolero, las avenidas del coloso matagalpino lucían transitadas por los aficionados norteños que vestidos con camisetas alusivas a su equipo, hacían filas para obtener un boleto en las taquillas del estadio o por medio de los infaltables revendedores, que hacían cualquier tipo de promoción con el fin de obtener ganancias.

Tampoco faltaron los vendedores ambulantes en las afueras y en el interior del coloso matagalpino. El quesillo, las tajadas con queso y el pollo con tortillas, complementado con su respectiva ensalada de repollo, eran parte de la gastronomía que se ofreció en este primer desafío de la primera gran cita beisbolera que se da en el año.

No se llenó

Aunque parezca una broma, el pequeño coloso diseñado para albergar unas 7,000 personas con las butacas repletas sin espacio para un mosquito, no se llenó. Transcurrido la mitad del desafío, después del quinto inning, había vacíos en las graderías ubicadas detrás de la zona donde los artilleros depositan la pelota cuando sacan el máximo poder de su madero y gritan ¡jonrón!

Quienes sí se robaron el espectáculo fueron los leoneses, que trajeron tres buses topados de aficionados a Matagalpa. Los aproximadamente 350 metropolitanos invadieron territorio enemigo, la devoción y fidelidad que tienen hacia su club no conoce distancias; poco importa las largas horas de recorrido que conlleva el traslado de Occidente al Norte, ayer los aficionados felinos salieron con sus voces afónicas, pero silenciando a los más de 4,000 norteños que apoyaron a los suyos.

El pletórico y tradicional grito ¡Viva León Jodido! se escuchó como una sinfonía triunfalista de una obra que León empezó a construir rugiendo primero con su victoria en Matagalpa. Ahora les tocará regresar a su mítico estadio, donde se han vivido grandes batallas y memorables momentos para León.

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