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Hay hechos que aunque testarudos al momento de discutirlos, cuesta creerlos. Como ver partido inesperadamente al poderoso equipo argentino con todas sus estrellas en pantalla.  Ayer, Paraguay salió de la oscuridad en la que se sumergió durante ese primer tiempo de pesadilla, para proponer sorprendentemente un futbol agresivo tomando todos los riesgos, creciendo en forma impresionante, logrando borrar en el segundo tiempo, con ciertos ribetes de espectacularidad, un 0-2 adverso y conseguir un ruidoso y merecido empate 2-2 con el gran favorito, en duelo correspondiente a la primera jornada del Grupo B en la Copa América.

Par de mazazos
El más incrédulo de todos era el técnico argentino Gerardo “Tata” Martino, quien sin someter a alteraciones su sistema nervioso, vio cómo se malograban varias oportunidades de ampliar, hasta que el hermoso gol de Haedo Valdez  desde la frontal en el minuto 59, galvanizaba al equipo paraguayo que con más piernas, mejores pulmones y un corazón inflamado, sostuvo una ofensiva incluso con superioridad numérica, producto del atrevimiento y la toma de espacios para establecerse.

En los últimos minutos, cuando Argentina -incluido un intermitente Messi- se vio atrapada en la confusión sin poder manejar el balón, viéndose obligada a un repliegue no táctico sino a la brava, con los recién ingresados Higuaín y Tévez inutilizados, la puñalada zurda de Lucas Barrios, un disparo rasante junto al poste izquierdo de Romero, sacándole a Martino el triunfo del bolsillo y forzando compartir puntos con el 2-2. Un par de mazazos que golpearon a los gauchos.

Lo imperdonable

¿Cómo no poder cabalgar con ese armamento, sobre esa ventaja por 2-0 obtenida con goles que no fueron producto de elaboración alguna? Argentina tenía la mesa servida y tumbó los platos, las pailas, las cucharas y las jícaras, cediendo dos puntos y saliendo con su orgullo y su favoritismo mordidos.  

El primer gol argentino fue consecuencia de una falla de Samudio en el minuto 28, con una pelota recuperada después de frustrar el intento de Messi de abrirse paso entre dos defensas  por el sector derecho. El retraso hecho por Zamudio hacia el arquero Antony Silva, resultó perfecto para que Agüero interceptara la pelota, y con derecha, a portón vacío, adelantara al equipo argentino 1-0.

Samudio también tuvo responsabilidad en la ampliación gaucha 2-0 en el minuto 34, derribando a Di María en el área y provocando el penal que ejecutó Messi incluyendo frenada antes del disparo, colocando el balón junto al poste derecho. El arquero Silva captó la intención y se lanzó bien, pero no con la rapidez necesaria para la gran atajada.

A sudar el laberinto

Pensamos que Paraguay no tenía nada nuevo que ofrecer en el segundo tiempo con Messi manejando los hilos desde el centro de la cancha y proyectándose, Agüero y Di María desequilibrando constantemente y las llegadas a fondo de los laterales con Mascherano atrás funcionando como Mariscal, pero no fue así. Paraguay se transformó, creció y empató, metiendo a los argentinos en el laberinto.

Con el marcador 2-1, Messi realizó una de sus maniobras fantasiosas con múltiples quiebres, y desde la izquierda, apretó el gatillo rasante trazando una diagonal envenenada pero errática. La pelota pasó frente a la cabaña de Silva, esfumándose una gran posibilidad. Era lo que necesitaba Paraguay para continuar respondiendo con intensidad desplegando ofensivas de alto voltaje, hasta conseguir el gol de Barrios sellando el 2-2. En ese momento, el equipo argentino sintió que sus huesos estaban sudando.

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