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Lo que se vive en León con la final del Campeonato de Beisbol Germán Pomares Ordóñez es una fiesta que coquetea con la locura. Los bailes, el sonido de los tambores, el incesante sonido que producen los pitos, y el rugido característico: ¡Viva León jodido!, de la ciudad metropolitana, hicieron temblar ayer los cimientos del estadio Héroes y Mártires de Septiembre.

No era un día normal en León. Los metropolitanos jugaron el cuarto partido de la final contra los Indígenas de Matagalpa cobijados por el romanticismo de fidelidad que los aficionados leoneses tienen por este conjunto. Las butacas del coloso y las graderías de sus costados se tiñeron de rojo y blanco, colores con los que los aficionados llenaron de colorido, pasión y emoción cada instante del desafío.

Desbordados

Fue increíble ver a cientos de aficionados metropolitanos tomarse las avenidas cercanas del estadio desde tempranas horas para hacerse sentir.

A las 12:00 del mediodía, 5 horas antes de que iniciara el desafío, en las taquillas ya se observaba una larga fila en busca de obtener un ansiado boleto que les permitiera el acceso a un estadio que ha sido descuidado injustamente. Este santuario del beisbol, que no solo es de los metropolitanos sino nacional por las grandes batallas que se han vivido aquí, merece un mejor trato, una reestructuración y reparación en algunas zonas como por ejemplo las cabinas de transmisión, algunas mal diseñadas y ubicadas en lugares incómodos que hacen más difícil el trabajo de los cronistas deportivos.

Cumplida las 4:00 de la tarde ya no alcanzaba un alfiler, el coloso estaba repleto. Cuentan algunos cronistas deportivos locales que en este estadio alcanzan más de 9 mil aficionados cuando está completamente lleno y hasta caminar para ir a comprar un quesillo, vigorón, cerveza o gaseosa se vuelve una odisea, así como sucedió ayer con el mar de personas dispersadas en cada rincón.

Empate y celebración

Este martes, León pasó de un llanto efímero a una alegría que tocó lo sublime. Eso sí, a pesar de que Matagalpa golpeó primero con tres carreras, estos feligreses metropolitanos jamás silenciaron su boca. Siguieron cantando, coreando, y gritando sin cesar con la fe inquebrantable de revertir los malos momentos.

El primer sismo de celebración para los leoneses fue en el cierre del segundo inning, tras estar sucumbiendo 3-0, un rally de tres anotaciones encendió las graderías y el siguiente de tres cuatro en el cierre del tercer episodio puso a los corazones hinchados al borde de un colapso emocional ante tanta intensidad desmedida de algarabía y pasión.

Ganó León y empató la serie 2-2. Su público lo celebró sin cesar, aún están vivos y con la posibilidad de albergar el quinto juego del título si los metropolitanos logran conquistar Matagalpa esta tarde. Qué gran ambiente, qué gran pasión, igualar a una afición como la metropolitana es una misión casi imposible.

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