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¿Escuchan ese silencio? Ya acabó todo. El sol se ha ocultado, la luna duerme, el viento ha dejado de rugir, el tiempo se ha detenido, y las esperanzas de los Cavaliers de Cleveland se encuentran entre los escombros de una serie que ha visto coronarse legítimamente a los Warriors de Golden State en seis juegos. A un lado de todo eso, con sus músculos crispados, su mirada fiera y aferrado a la obsesión por vencer, el Rey LeBron, permanece intacto.

Era misión imposible

Su gigantesco esfuerzo será recordado por siempre. Para eso están esas cifras impresionantes: 35.8 puntos de promedio, 13.3 rebotes y 8.8 asistencias. Sin embargo, su frustración salta a la vista. Intentó derrotar casi sin ayuda a los Warriors de Golden State, el mejor equipo la Liga, encabezado por Stephen Curry, el Jugador Más Valioso y mejor tirador largo imaginable, con el respaldo de Klay Thompson, de Iguadola finalmente el más sobresaliente de la final entre los ganadores, de Drymon Green quien cerró con un triple doble, y de Harrison Barnes, pero comprobó, que sin la necesaria ayuda, no puede mover de sitio una de las pirámides de Egipto, quitar el Golden Gate o cargar sobre sus espaldas con el Arco del Triunfo.

Sin Kevin Love, sin Kyre Irving, sin Anderson Varejao, ganar esa final era una misión imposible, incluso para alguien como LeBron James, quien inició la serie con una arremetida de 48 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias durante una derrota 108-100 en tiempo extra, arremetiendo con 39 puntos, 16 rebotes y 13 asistencias en una victoria galvanizante por 95-93 de los Cavaliers también en tiempo extra, nivelando la final. El “Monstruo” no se detuvo. Continuó con 40 puntos, 12 rebotes y 8 asistencias, casi otro triple doble, en el ruidoso triunfo 96-91 del tercer juego empujando los Warriors hacia la zona de inseguridad.

Cierre monstruoso

Nuevamente cerca de un triple doble, Lebrón con 20 puntos, 12 rebotes y 8 asistencias salió masticando rabia en la derrota por 103-82 que igualaba la serie, y en un esfuerzo titánico, marcó 40 puntos con 14 rebotes y 11 asistencias, sin poder evitar que los Warriors se adelantaran imponiéndose 104-91, colocando a los Cavaliers en el borde del abismo. Finalmente, con sus pulmones agrietados, sus piernas necesitadas de una transfusión de energías y su corazón bombeando angustiosamente, LeBron en un alarde de sobre-rendimiento, registró 32 puntos con 18 rebotes y 8 asistencias, en el sexto duelo, con los Cavaliers viendo venir “la muerte” en calzoneta, con los rostros superpuestos de Iguodala y Curry, terminando con una sequía de 40 años para Golden State.

Ya pasó todo. El sol está oculto, la luna duerme y el viento no ruge. Cleveland sigue en espera de un campeonato de la NBA. Pienso que será el próximo año si no hay lesiones que amputen las pretensiones del equipo. Por encima de los escombros, LeBronn luce intacto, en toda su inmensidad, como el mejor jugador del planeta.

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