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La proeza fue conseguida anoche. Alex Rodríguez, quién en un alarde de terquedad, ha estado sacándole brillo a lo poco que queda de sus otrora portentosas facultades, disparó su hit 3,000 en el nuevo Yanqui Stadium, un jonrón, quizás como lo había soñado. Mientras trotaba alrededor del cuadro, miraba borrosamente las casi 40 mil pares de manos que se elevaban sobre las cabezas de los aficionados, ovacionándolo como si nunca hubiera pecado. Sus piernas, ahora cansadas, como las de un pura sangre exigido a un esfuerzo de 21 temporadas, parecían flotar rumbo al plato por encima de todos los sufrimientos. 
  
ESCAPANDO A LAS CENIZAS

Después de tanto tiempo, sin olvidar aquel hit dentro del cuadro conectado en Boston con el uniforme de los Marineros de Seattle contra Sergio Valdez el 9 de julio de 1994, el primero de lo que sería una impactante carrera zigzagueando entre complicaciones que muerden, abren heridas que nunca cicatrizarán, y dejan huellas mal olientes, el dominicano Alex Rodríguez se voló la cerca contra Justin Verlander de los Tigres, convirtiéndose en el pelotero número 29 que aterriza en la pista de los 3,000 imparables, desde siempre, un salto hacia la cima de la montaña del orgullo.

El pitcheo casi siempre atemorizante de Verlander, capaz de reducir a cenizas el poder que podía conservar un bateador que se encuentra a la orilla de los 40 años, no pudo evitar el zarpazo de Rodríguez, saliendo de una temporada de retiro forzado, aplastado durante largo tiempo por un alud de cuestionamientos, y supuestamente condenado a la oscuridad en su atrevimiento a seguir mostrándose.

UN PEQUEÑO ATRASO 

Una noche antes en Nueva York, la ciudad que lo vio aparecer como un nuevo rascacielos en el ombligo de Manhattan durante el año 2004 después de la más ruidosa negociación financiera registrada con un pelotero, casi 30 millones por campaña, Alex Rodríguez, el muchacho que ayudaba a contar las propinas de su madre como mesera en Miami, estaba turno contra Sam Dyson de los Marlins después de conectar sus cohetes 2998 y 2999. La expectativa apretaba su tórax, no sus brazos, ni su mente, pero Alex vio pasar cuatro bolas malas y camino hacia primera detrás de su aliento y su esperanza postergada. El momento sufrió un pequeño atraso. Llegó ayer, en el primer inning.

Aunque con esteroides no hay paraíso, este 2015, ha sido un gran año para el hoy veterano pelotero. Superó los 660 jonrones de Willie Mays instalándose cuarto en la lista de todos los tiempos, se convirtió en el segundo impulsador de 2000 carreras en la historia desde la oficialización de ese registro, solo detrás de Hank Aaron, y ayer llegó a los ,000 hits. Esas cifras, le permitirán por lo menos, dormir frente a las puertas de Cooperstown por los siglos de los siglos, recordado --sin justificar su desviación-- por todos los que hemos atravesado una vida siendo apasionados por el beisbol.

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