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Sin agigantarse, pero desplegando un juego flexible fabrica posibilidades, bien planeado, ejecutado y sostenido, Chile ha saltado sobre el siempre difícil de vencer equipo uruguayo, asegurando su boleto para las semifinales en esta Copa América tan cargada de imprevistos. Ese derechazo seco, rasante y preciso de Mauricio Isla en el minuto 81, resultó mortífero sepultando la garra charrúa y estableciendo el 1-0 definitivo.  

EL MOMENTO CUMBRE
El arquero Muslera salió a puñetear un centro llegado desde la izquierda, pero lo hizo sin el desvío requerido y con poca potencia, dejando la pelota al alcance de la recuperación chilena, tomándola Valdivia en la frontal, con opción de remate, pero prefirió hacer el trazo hacia Isla que ingresaba desde atrás por la derecha. Libre de marca, con amplio panorama, con la defensa uruguaya un par de pasos atrás, Isla apretó el gatillo con su derecha. El disparo rasante burló a Fucile, perforándolo y continuó hacia el rincón derecho de la cabaña charrúa sacudiendo la red.

A esa altura, minuto 81, esa puñalada frente a un equipo diezmado, desprovisto de capacidad de agresión, era mortal. Finalmente, Chile hizo valer su mejor manejo de pelota y control de espacios para conseguir el gol tan ansiado que borraba la posibilidad de ir a los penales, gran esperanza de Uruguay, que más adelante perdió otro hombre para quedar con nueve y casi nada por discutir.

COMO ESTABA PREVISTO
El primer tiempo respondió plenamente a las consideraciones previas. Uruguay, que sorprendentemente se atrevió a meterse en el área chilena con determinación y buen manejo en los primeros cinco minutos, tuvo que replegarse cuando Chile tomó la pelota y con una efectiva distribución posicional, se estableció como dominador de las acciones con la movilidad de Alexis por la izquierda, las incursiones de Vargas y Vidal, y el aporte de Valdivia y Aranguiz, llegando a crear un par de opciones de peligro.

La estatura de los centrales uruguayos, Godín y Giménez, no solo descartaba todo intento aéreo de Chile, sino que también lograron anticiparse a los trazos rasantes, el mejor recurso chileno intentando triangulaciones, muy bien cubiertas. Al mismo tiempo, Uruguay se vio muy limitado en las contras porque los zagueros chilenos, atentos, no se descuidaron ni un instante y llegaban a tiempo para cortar “malas intenciones”, reiniciando desplazamientos rápidos por las dos bandas.

CHILE ESTUVO MEJOR
Fue llamativa la capacidad de recuperación del equipo chileno, sobre todo arriba, cuando atacaba y buscaba fabricar espacios. Eso le permitió conservar una insistencia en su manejo agresivo, que obligaba a trabajar con la mayor precisión posible a los zagueros charrúas, después de atravesar por dos momentos muy friccionados, provocando reclamos fuertes y presencia de tarjetas amarillas. En la segunda etapa, Chile salió decidido a mantener ese dominio y lo logró, haciéndolo crecer obviamente con la salida de Cavani, hasta llegar al gol de Isla.

El triunfo, más allá de los discutibles de algunas provocaciones y decisiones arbitrales, coloca a Chile en semifinales frente al vencedor de hoy entre Perú y Bolivia, con fuerte posibilidad de llegar a la final.

 

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