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De aquel equipo chispeante, próximo a lo mágico, firme y vencedor que fue Brasil, solo quedan pequeñísimos destellos, muchas sombras y algunas ruinas, como la mano de Thiago Silva y los fallos de Ribeiro y Costa, que terminaron sepultando en esta Copa América las pretensiones del equipo de Dunga, severamente amputadas con la expulsión de Neymar por el resto del torneo.

No se puede llorar por la eliminación de Brasil vía penales 4-3 frente a un Paraguay más decidido y ambicioso, pero sí pueden hacerlo por este futbol brasileño que estamos viendo, nada que ver con el de la grandeza que nos atrapó por décadas convirtiéndonos en admiradores de tiempo completo de su destreza y contundencia.

SOLO UN BUEN ARRANQUE

¡Qué difícil fue para Brasil desde el minuto 14, manejar esa ventaja facilitada por el gol de Robinho, culminando la mejor maniobra colectiva del equipo auri-verde, hasta el minuto 71, cuando Thiago como buscando un rebote debajo del tablero en basket, hizo contacto con la pelota mano en alto para el penal que ejecutó impecablemente Derlis González! 

¿Cómo quebrar ese 1-1 en recta final cuando se respondía menos a las exigencias por falta de vigor en las piernas, de oxígeno en los pulmones, y sobre todo, de habilidad y creatividad para fabricar opciones, mientras Paraguay imponía su ímpetu, presionando como lo demuestran sus 11 disparos y 7 tiros de esquina, hasta llevar la definición del juego a los penales? Es más, quien estuvo próximo al precipicio fue Brasil, sobreviviendo a momentos agobiantes para el arquero Jefferson.

ASÍ FUE LA DEFINICIÓN

Para la tanda de penales, no estaban Willian ni Robinho, y dos reemplazos, Ribeiro y Costa, fallaron sus disparos estableciendo la diferencia que le permitió a Paraguay imponerse 4-3. Primero acertaron Fernandinho por Brasil y Oswaldo Martínez por Paraguay. Falló Ribeiro y acertó Cáceres adelantándose Paraguay 2-1. Empató Miranda por Brasil, pero Bobadilla volvió a colocar al frente a Paraguay 3-2. Fue entonces que Costa envió un balón a las nubes y también lo hizo Santa Cruz por Paraguay conservando el suspenso. Acertó Coutinho nivelando 3-3, pero Derlis González clavó la estocada que clasificaba a Paraguay para semifinales y liquidaba a Brasil, visto a ratos desnudo y enclenque en su juego. 

EL GOL DE ROBINHO

Apenas un minuto y Villar, el arquero paraguayo, estaba sacando por encima del travesaño un disparo largo de Coutinho desde el sector izquierdo. Parecía que Brasil entraba hambriento al juego, pero Paraguay, sin apuros, fabricó una contra que terminó cargada de peligro, cuando un centro rasante desde la derecha, ingresó al área pequeña frente a la cabaña de Jefferson y fue necesario una barrida oportuna de Thiago Silva para el despeje clarificador.  Ver a Paraguay tratando de abrirse paso en el campo brasileño manejando la pelota sin conseguir la profundidad deseada, era una rareza, fuera de las consideraciones previas. Sin embargo, bastó a Brasil una recuperación y rápida proyección realizando su mejor maniobra colectiva, para adelantarse 1-0 con gol de Robinho. En el minuto 14, durante una acción ligeramente friccionada, Robinho, que avanzaba hacia la frontal, logró hacer una entrega a Elías, quien por la derecha llegó a conseguir posición de tiro fuera del área, prefiriendo estirar el balón hacia Danny Alv
es. Un par de pasos en busca del fondo y el centro bajo y rápido hacia el área chica paraguaya que Firmino deja pasar y Robinho golpea con la parte de atrás de su botín derecho, sacudiendo las redes.

LA DESTREZA EN FUGA

Se pensó que el 1-0 haría crecer el futbol de Brasil, pero no fue así. Los hombres de Dunga se vieron sin recursos para garantizar las progresiones y atrás, atravesaron dificultades viéndose obligados a ceder corners siempre peligrosos. Con la destreza en fuga, el juego se ensombreció y por ratos fue rocoso y aburrido. Paraguay mas firme en la contención, llegó a conseguir mejores proyecciones hasta conseguir el penal cometido por Thiago Silva mano en alto, que estableció el 1-1, que permaneció inalterable por 22 minutos, incluyendo los tres de reposición.

Solo a ratos mejoró Brasil en sus avances, pero era notoria su incapacidad para hilvanar, incursionar desequilibrando y obtener posiciones de tiro. El gigantesco esfuerzo de Alves fue consumido por la nada. Al caer el telón, no había motivo para llorar por Brasil. Su futbol actual no merece una lágrima. 

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