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La cima de la montaña nunca escalada después de tantos intentos, está a solamente una victoria. Chile, campeón de América. ¿Será posible esa proeza? El punch de Eduardo Vargas, con par de goles, el primero en fuera de lugar, compensando el legítimo que le anularon, y el otro, la estocada definitiva, una hermosa comba con trazado macabro desde fuera del área, probablemente con 30 metros de recorrido, que levantó a la multitud de sus butacas antes de sacudir las redes, después de ingresar a la cabaña de Gallese en su parte superior derecha, estableciendo el 2-1, que fue inalterable.

PERÚ SUPO FAJARSE 

Atrás quedaban todo lo anecdótico: el temprano remate de Farfán contra el poste derecho; el disparo de Lobatón que obligó a un vuelo de halcón por parte de Bravo; el manotazo de Vidal en el rostro de Zambrano que obligaba a una tarjeta amarilla obviada por el árbitro venezolano Argote; la embestida por detrás de Zambrano a Aránguiz después de un despeje, quedando con pierna alta y golpeando la espalda del chileno merecedora de tarjeta roja dejando a Perú con 10 hombres; las cabalgatas incansables de Advíncula por la derecha hasta lograr ese centro que Medel impulsó hacia sus propias redes; las atrevidas y riesgosas contras peruanas y  el dominio ejercido por Chile manejando la pelota y tomando espacios.

En igualdad numérica, Chile no fue capaz de marcar contra Uruguay, y tampoco lo hizo cuando Perú estuvo completo. En cada caso, las expulsiones de Cavani y Zambrano facilitaron el desequilibrio a favor del equipo local. Con tanta gente arriba, Chile presionó insistentemente pese a los desajustes de Alexis, la falta de precisión de Valdivia y la tendencia a la búsqueda de Vidal. La presencia amenazante de Vargas, ese ariete de 25 años que juega para el Queens Park Ranger de Inglaterra, al que llegó cedido por el Nápoles, alteró constantemente los nervios de la zaga peruana, reconstruida a prisa desde la salida de Zambrano. 

LA PRESIÓN MATA

El 1-1 logrado por el centro de Advíncula, provocando el autogol de Medel en el minuto 63, hizo pensar en la posibilidad de algo milagroso como era extenderse hasta la definición por penales. 

Ese sueño se esfumó cuatro minutos después, con Chile volcado, presionando, se produce el impresionante taponazo de Vargas. Esa ventaja por 2-1en el minuto 71, con Perú en aprietos, aproximándose al desgaste con un hombre menos, tenía el peso de la tumba de un faraón, y Chile no aflojó, pese a no poder evitar ciertas embestidas peligrosas multiplicando esfuerzos para sujetarlas.

No fue el mejor partido de Chile en esta Copa, esperando todavía lo mejor de Alexis Sánchez, pero aprovechando la ventaja numérica por 73 minutos, se adueñó de las riendas del partido y con Vargas, mostrándose, escapando, rematando y marcando esos dos goles, uno casi a quemarropa con un cachetazo, tomando un rebote en posición adelantada, y el otro, desde las afueras de Troya, con un cañón, destrozó las esperanzas de Perú que, inyectado de bravura, se fue del torneo con la frente en alto.

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