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El primer impacto del beisbol nicaragüense, en el inicio de los Juegos Panamericanos, fue el jonrón de Stanley Cayasso contra Estados Unidos en aquella resonante victoria por 9-8. Sin embargo, en aquel 1951 nuestro beisbol regresó de Buenos Aires sin medalla.

Con Rigo Mena muy chavalo, Nicaragua fue a los Panamericanos de Chicago en 1959 sin conseguir notoriedad; reapareció el equipo nacional en 1971 en Cali, Colombia, precisamente en el inicio de la época en que Tony Castaño estuvo trabajando como asesor, regresando con las manos vacías después de un tenebroso despegue; ausentes en México 1975 y San Juan, Puerto Rico 1979, los nicas saltaron nuevamente al escenario panamericano en los Juegos de Caracas, 1983, capturando sorprendentemente la medalla de plata. Más que proeza, un milagro.

“Nadie cree en la Selección”, titulé una nota enviada desde Caracas, en la que presentaba opiniones de colegas de diferentes países. Era obvio después de las deficientes actuaciones registradas en el Torneo “José Antonio Huelga” en Cuba y en la Copa de Bélgica, esta última calificada como catastrófica apenas unas semanas antes. ¿Por qué creer?

EN COMPLICADO GRUPO

Cuba, Estados Unidos y Dominicana lucían como los “lobos feroces” del certamen, y detrás Canadá por su terrible agresividad, Puerto Rico por su consistencia y Venezuela como local. Se suponía que los nicas no tenían nada que hacer.

Nuestro equipo quedó instalado en complicado grupo junto a Estados Unidos, Canadá, Dominicana y Puerto Rico. Solo Brasil era considerado “pescado” frito, en tanto en el otro sector, la  presencia de Panamá, Colombia, Venezuela y Antillas, le garantizaba un cómodo tránsito a los cubanos hacia la etapa final. Así las cosas, el primer juego con Canadá adquiría una trascendencia mayúscula, pues triunfo y derrotas significaban algo más que un resultado.

Nicaragua impresionó ganando en forma aplastante por 10-1 con excelente pitcheo de Julio Moya y un bateo enérgico con gente en base de Roberto Espino y Arnoldo Muñoz. Para el segundo juego ante Brasil --noqueado en 6 entradas por Puerto Rico la tarde anterior--, Noel tenía pensado utilizar a Diego Raudez, pero dada la fragilidad de los suramericanos designó a Elvin Jarquín, quien caminó toda la ruta imponiéndose 8-3 respaldado por Roberto Espino y Cruz Ulloa que impulsaron par de carreras cada uno.

EL PRIMER TROPEZÓN

Julio MoyaEl tercer adversario fue el poderoso equipo de Estados Unidos con McGwire, Surhoff, Belcher, Swift, y resto de compañía amenazante. Noel Areas le entregó la pelota al zurdo Álvarez, quien trabajando a toda su capacidad logró mantener a Nicaragua adelante 5-2 en las primeras 6 entradas, apoyado por un jonron de dos carreras de Pablo Juárez en el primer inning, más dobletes de Polín y Muñoz.

En el séptimo Estados Unidos atacó a Álvarez con jonron de  McGwire y línea de Verucci, entrando Diego Raudez a la  colina, quien no pudo evitar el  empate a 5. En el octavo Raudez admitió doble de Ábner y cedió dos bases forzando el ingreso de César  Monge. Un error de Muñoz y dos tiros desviados al home sobre roletazos, le permitieron a los norteamericanos anotar cuatro y terminar ganando 9-5, un partido que inesperadamente se llegó a presentar favorable para los nicas un buen rato.
Se necesitaba ganar un juego para clasificar y el siguiente adversario era Dominicana. Abrió Raudez y fue sacudido por dos jonrones que cerraron un racimo de tres carreras. Aunque Nicaragua ripostó con dobles  de Ulloa y Muñoz, que estrecharon la diferencia 3-2, perdimos por el amplio margen de 16-5 aguijoneados por la amargura y el fantasma de lo ocurrido en Bélgica.

EL FACTOR MOYA

Ahora todo dependía de un juego y algo más, pues aparte de la necesidad imperiosa de vencer a Puerto Rico, era requisito que Dominicana derrotara a Canadá, o al menos que no perdiera por cifras desniveladas. Nicaragua iba en busca de su tercera victoria, pero de superar Canadá  a Dominicana, se forzaría un triple empate con balance de 3 y 2. Con Julio Moya a la loma  lanzando para seis hits, dos de ellos dentro del cuadro y el ataque nica “madrugando” al estelar boricua Mariano Quiñónez con dos carreras en el primer inning, impulsadas por Espino y Panal, se logra una victoria de 3-1, que pese a la derrota de Dominicana ante Canadá 5-2, aseguró el pasaporte a la siguiente fase.

Moya, con cinco lideratos incluyendo juegos ganados, juegos completos y ponches, se convirtió junto con Espino y Muñoz en los hombres más importantes de la clasificación pinolera. Así entramos a la etapa final con la posibilidad de medalla y tambien de un boleto para las Olímpico de Los Ángeles, pero con un pitcher menos, Diego Raudez, devuelto por indisciplina.

El sorteo determinó que se abriera con Cuba, y Nicaragua peleó bravamente hasta que entró en acción Rogelio García en la colina, y Víctor Meza asestó “dos estacazos” para liquidarnos 8 por 3. Frente a Panamá en el segundo juego, Álvarez con taponeo de Monge y el respaldo de un tempranero jonron de Pablo Juárez logró una victoria por 3-1 que inyectaba vida.

BOMBARDEAN AL “AS”

Sin Raudez a mano, se abrió con Moya contra Venezuela buscando el mayor factor de seguridad, pero los suramericanos llegaron esa noche con el uniforme de los Yanques del 27 y con un ataque de 17 hits, hicieron trizas a Moya, Róger López y Elvin Jarquín para imponerse 14-4. Fue una derrota rompecorazones y al día siguiente nadie dudaba que Estados Unidos aceleraría el regreso de la Selección a Nicaragua, pero no fue así, el equipo se transformó y con Luis Cano enredando a los bateadores en la telaraña de su variedad de lanzamientos, más el aporte de un ataque eficaz, se construyó una ventaja insólita de 9-0 llegando a colocar a los de EE.UU. al borde del KO... Sin embargo en el noveno por poco se nos esfuma la victoria cuando Cano aflojó y Monge vaciló aprovechando Estados Unidos marcar cinco carreras y llenar las bases. Con la posibilidad del empate 9-9 en el cajón de bateo, Noel llamó al zurdo Álvarez, quien dominó a B.J. Surhoff en roletazo a segunda para que Medina realizara el último out quedando el partido 9-5.

De pronto el panorama había cambiado y se tenían posibilidades hasta de ganar la medalla de plata si se lograba superar a Dominicana y Cuba mantenía su hegemonía sobre Estados Unidos.

Y así fue, Álvarez, abridor contra los dominicanos, cumplió una gran faena en las primeras 6 entradas antes de ceder peligrosamente en el séptimo. Los nicas ganaban 4-0 cuando se le  abrió el piso al zurdo y todo parecía derrumbarse cuando entró Moya, y en medio de un alboroto agobiante por la voltereta en la pizarra 5-4 a favor de los dominicanos, cerró puertas, en tanto, triple de Muñoz, un wild, y un jonrón dramático del emergente Julio Sánchez, le permitió a los pinoleros alzarse con una  espectacular victoria 6-5 garantizando el pasaporte a Los Ángeles.

Fue algo así como volver de las cenizas y trepar a la cima bruscamente, porque al ganarle Cuba  a Estados Unidos con pitcheo de Rogelio, los nicas aseguraron también la medalla de plata, algo que estuvo fuera del alcance de todas las viejas glorias.

EL GRAN BATAZO

Julio Sánchez estableció un récord para Juegos Panamericanos que lamentablemente no fue registrado: dos hits en el mismo turno incluyendo ese jonrón. En el octavo, con el equipo nacional “manos arriba” 5-4 después de haber estado ganando 4-0, Noel llamó a Sánchez para que bateara por Álvaro Muñoz estando Arnoldo en tercera por triple. Un wild del relevista Mario Marte forzó el empate y acto seguido Sánchez bateo hit. La dirigencia dominicana reclamó que se había pedido tiempo y que en consecuencia, el batazo no valía.

Se aceptó el reclamo y Sánchez volvió a tomar el aluminio. El siguiente disparo  de Marte fue devuelto violentamente por el inicialista pinolero, enviando la bola a las gradas del left fielder, adelantando a Nicaragua 6-5 y garantizando nuestra primera medalla nica en estos juegos, finalmente de plata, a base de garra.

En 1995 en Buenos Aires, con una victoria dramática frente a Panamá asegurada por el guante de Nemesio, se consiguió una segunda presea plateada, y después de no ver salir el sol de las medallas en 1999 en Winnipeg y en el 2003 en Santo Domingo, pese a una valiente y llamativa actuación, los nicas atraparon el bronce en Río de Janeiro 2007, compartido con México, en una recortada y extraña mecánica, ganando un juego y perdiendo tres.

¿Qué podremos hacer en Toronto? Es lo que yo quisiera saber.

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