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En 1995, estando en Mar de Plata, Argentina, cuando el pesista Orlando Vásquez se  encaminó al podio de los medallistas, sus pasos también estaban dirigiéndose hacia la inmortalidad. Vásquez, tan pequeño y tan agigantado, tan silencioso y tan impactante, dueño de un corazón tan inmenso que hincha su tórax, multiplica sus fuerzas y lo empuja hacia proezas, se convirtió ese año en el pinolero que ha obtenido más medallas en Juegos Panamericanos con 6 en total, aunque deberían de ser 9 de no ser por la fatalidad que lo golpeó en Indianápolis 1987.

DEBERÍÁN SER 9 MEDALLAS
Vásquez, que compitió en sus terceros Panamericanos, es considerado un ganador de medallas en las nueve competencias en las que participó entre 1987 y 1995, trasladándose de la categoría de 52 a la de 56 kilos, pero en Indianápolis 87 fue fauleado por el infortunio al tomarse un diurético que le costó la  pérdida de tres medallas de bronce en Indianápolis, y una sanción de dos años por la Federación Internacional. Un medicamento que se encontraba en la lista negra del COI, supuestamente un inofensivo diurético, lo hizo marcar positivo, apagando bruscamente nuestro festejo. Fue culpa del entrenador soviético Cucharenco quien lo suministraba.

Después de conquistar nuevamente tres medallas en los Panamericanos de 1991 en La Habana, saliendo de la depresion y mostrándose restaurado, en esta ocasión sin cuestionamientos, Vásquez, en un alarde de rendimiento sostenido, llegó a Mar de Plata en 1995 pretendiendo agregar otras tres preseas a su curriculum, que lo certifica como el mejor atleta amateur producido en Nicaragua, y lo consiguió. Saltando a los 56 kilos, el pequeño con músculos de acero, ganó plata en arranque con 107.5 kilos; bronce en Envión, levantando 135 kilos; y bronce en total, con registro de 242.5 kilos. Superó al cubano Jesús Aparicio, favorito para  imponerse en el evento, y al colombiano Juan Fernández, que no aparecía entre los candidatos a preseas, pero sorprendió.

ASÍ SE FAJÓ EN LA HABANA
Cuatro años antes, en La Habana 1991, compitiendo todavía en el casillero de los 52 kilos, Vásquez obtuvo bronce en arranque alzando 100 kilos, plata en Envión con registro de 127.5 kilos, y bronce en total, llegando a 227.5, estimable cifra. Alvaro Marenco, que compitió en la misma categoría que Vásquez, ocupó los sextos lugares en todas las pruebas. Alzó 87.5 kilos de Arranque, 125 en Envión y 225 en total.
Orlando jugaba en la calle como todo chavalo de once años y viviendo a la orilla del Polideportivo donde entrenaban los pesistas, una vez entró a verlos y se quedó para dedicarse a ese deporte. “Poco a poco me fue gustando y me fui metiendo en las pesas. Era obsesivo entrenando y chequeando mis registros. No pensaba en medallas sino en mejorar cada día. Con el tiempo mi empeño creció y fue entonces que pensé en los récords y la idea de representar a Nicaragua en eventos internacionales. A los catorce años comencé a buscar  los records nacionales y aunque no los conseguí, logré mi integración de la Preselección al lado de Montiel, Palma, Estrada y Salinas que siempre me  animaron a seguir adelante”, dijo con secillez en Indianápolis, antes del estallido del drama.

Para la prensa internacional que cubrió esos juegos, la actuación del nica constituyó la sorpresa del día 9 de agosto de 1987 y también en el campamento nica que esperaba una buena actuación, pero no tanto.

El tiempo ha pasado, pero Orlando recuerda como si estuviera ocurriendo hoy, cómo el entrenador soviético Cucharenco lo indujo a tomar pastillas -supuestamente diuréticos-  que estaban en la lista prohibida, desconocida para el joven atleta. Eso le costó tres medallas y dos años de suspensión. Tuvo tiempo para demostrar que no necesitaba nada de eso.

 

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