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Visto desde cualquier butaca, Stanley Cayasso fue nuestro Babe Ruth aunque se le conoció, igual que Lou Gehrig, como “El Caballo de Hierro”. Su dimensión aquí en casa fue tan grande como la de Ruth, y en aquel 1951, como en los años 30 y 40, era la figura cumbre de la Selección Nacional en los Juegos Panamericanos de Buenos Aires. Si Cayasso, como cuenta su leyenda, nació en 1906, tenía 45 años, pero aún tronaba y continuó activo hasta 1953 en un alarde de consistencia.

En esa selección, organizada apuradamente pero depositaria de grandes expectativas, Eduardo Green significaba la pimienta al servicio del espectáculo; Bert Bradford, el eficaz fabricante de emociones; “El Conejo” Hernández y Canana Sandoval, la garantía detrás del plato; Francisco “El Americano”  Fletes, la versatilidad en el campo corto; y Alejandro “Toro” Canales, un obelisco en el staff de pitcheo, pero la grandiosidad giraba alrededor de ese glorioso e indestructible veterano de mil batallas que era Stanley Cayasso.

A BATALLAR CON SIETE
Con Andrés Espolita como mánager, Nicaragua tenía que fajarse con siete equipos: Brasil y Argentina en teoría eran “muertos”, en tanto México, Venezuela y Colombia se consideraban rivales exigentes, con Cuba y Estados Unidos como favoritos.

En medio de múltiples y encendidas controversias, Manuel Mendoza y Edzel Brown fueron descartados del staff, y Espolita decidió viajar con Gonzalo Poveda, “Cachirulo” Ramírez, el chavalo Róger “Nene” Bolaños, Alfredo Medina, “El Zancudo” Bustos, “Sarita” Flores y “Ayote” Balladares.  En los bosques se seleccionó a Bert Bradford, Eduardo Green y Adolfo “Fito” García; en tanto José Hernández y “Canana” Sandoval eran los catcheres, con la responsabilidad en el infield para Mike Omier, Ovidio Sosa, Francisco Fletes, Eduardo “Gallito” López, Carlos “Cachiro” Quiroz, Róger Velásquez y el gran Cayasso.

Fue precisamente con un jonrón de Cayasso, primero de un nica en la historia de Panamericanos, que Nicaragua asestó una estocada a Estados Unidos imponiéndose 9 por 8 y acercándose a la posibilidad de una medalla, pero el esfuerzo pinolero no alcanzó y se regresó con las manos vacías.

GOLPEADOS EN EL DEBUT
En el primer juego contra Colombia, la defensiva se desfondó cometiendo cuatro costosos errores en perjuicio del derecho Alejandro Canales. Arrancar perdiendo 5-4 fue un rudo golpe para nuestras pretensiones. Bert Bradford conectó 4 hits y Canales cargó con la derrota pese a tirar pelota de seis hits. De inmediato, el equipo reaccionó derrotando 8-6 a Venezuela aprovechando que la defensiva suramericana, sepultada por las cenizas del Vesubio, cometió siete errores. El derecho Alfredo Medina se apuntó la victoria en medio de la tormenta, con Cayasso conectando tres hits.

Y así con balance de 1-1 entramos al gran reto, enfrentar a Cuba... Los nicas jugaron en gran forma hasta el noveno, pero la defensa se derrumbó y se perdió 6-5 en 11 entradas. Nicaragua ganaba 5-4 en el cierre del noveno, cuando Cuba colocó hombres en primera y segunda con un out, y sobre un batazo con “cara” de doble play que no se realizó, se empató el juego forzando las horas extras.

En el cierre del décimo, tirando Gonzalo Poveda en reemplazo del abridor Bustos, Vistuer se embasó por error del pitcher y Green en el jardín central, dejó caer un batazo de Juan Izaguirre. Con la situación asfixiante, el último pitcher nica, “Sarita” Flores, se vió involucrado en una jugada confusa y Cuba fabricó la carrera de la victoria.

TRUENO DE STANLEY
Después nos esperaba el equipo “Wake Forest” representante de Estados Unidos, y los pronósticos  estaban en contra, cuando Roberto Ramírez escaló la colina de lanzar por los nicas. Después de un fuerte cambio de metralla, Nicaragua tomó ventaja por 6-3 y en el sexto, un jonrón de tres carreras de Stanley Cayasso amplió la diferencia 9-3. Eso permitió a los nicas resistir una arremetida de 5 carreras de los norteamericanos en el noveno, para la victoria de 9 por 8.

En la recta final, Nicaragua cayó por 4-2 ante México pese a utilizar a Canales y luego se realizaron los dos partidos pendientes con los equipos suramericanos venciendo 10-1 a Brasil con “Sarita” Flores tirando para tres hits, y 14-2 a Argentina gracias a un ataque de 19 hits en beneficio de Alfredo Medina.

De esa forma, Nicaragua cerró su actuación con balance de 4-3 conformándose con un cuarto lugar, a la orilla de la medalla de bronce. El estado final de los equipos fue el siguiente: Cuba 6-1, Estados Unidos 5-2, México 5-2, Nicaragua 4-3, Venezuela 4-3, Colombia 3-4, Brasil 1-6 y Argentina 0-7.

 

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