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Preocúpate por el presente que en un instante será tu pasado, dice Truman Capote en su reportaje maestro “A sangre fría”, y aferrándose a esa advertencia, la Selección Nacional de Beisbol, siempre limitada por la falta de reservas, envió una señal de vida después de dos derrotas, imponiéndose 7-4 a Colombia, saliendo momentáneamente del hoyo de la inutilidad.

No es una victoria para hacer sonar los tambores, pero evita el caos emocional de tener que enfrentar a Estados Unidos y Cuba con el tenebroso balance de 0-3, haciéndonos recordar que en 1971, en los Panamericanos de Cali, abrimos siniestramente con 0-5, antes de levantar la tapa del ataúd y ya eliminados, obtener tres triunfos seguidos, dos de ellos por blanqueo.

Prometedor inicio

El inicio fue alentador: hit impulsador de Ronald Garth contra el abridor Karl Lewis Triana en el primer inning adelantó a los nicas 1-0, lamentando la falla de Darrel Campbell con dos a bordo; en el tercero, fue Justo Rivas con una cuchillada quien empujó a Renato Morales con la segunda carrera durante una racha de tres imparables. 

Esa ventaja de 2-0, contra un adversario de nuestro “tamaño”, o quizás más pequeño, debería haber fortalecido al zurdo Carlos Teller.

La reacción

Sin embargo, Colombia saltó al tapete pistola en mano en el cuarto y volteó la pizarra con una arremetida de tres carreras contra el zurdo Carlos Teller, iniciada con hit de Brown y culminada por dobletes consecutivos de Harold Ramírez e Ismael Castro, y el pequeño trueno de Jayson de Aguas. 

Estimulado, el equipo colombiano alargó la diferencia a su favor 4-2 en el sexto, montando con maestría un squeeze play, que nos dejó con la boca abierta. Estando Ramírez en tercera con un out, Luna machucó una pelota junto a la raya de cal de tercera y el relevista recién ingresado, Berman Espinoza, tuvo que guardar la píldora en el bolsillo mientras Ramírez anotaba. Después, el derecho dibujó par de ceros mientras el equipo nica era empujado hacia la zona de lo fatal, atrás por dos carreras.

Rally salvador

Ahí estaba nuevamente la tristeza haciéndole muecas a un equipo reducido a la nada por cuatro innings consecutivos, víctima del pitcheo de Triana, pero en el octavo, un error en fildeo del short Mirabal, abrió las puertas del campamento colombiano y los nicas entraron al galope fabricando cuatro carreras, haciendo girar la pizarra 6-4, abofeteando las posibilidades del adversario que había logrado crecer.

Doble abridor de Renato Morales encendió bombillos. Boleto a Ofilio Castro y jugada de escogencia con Justo colocaron hombres en las esquinas. Fue entonces que el batazo rasante de Garth escapó en el último instante al control de Mirabal y las bases quedaron cargadas. Hits seguidos de Campbell y Sandor Guido, y el fly de sacrificio de Janior Montes, produjeron las cuatro carreras. Ahora eran los colombianos quienes veían sus esperanzas atadas a la cola de un caballo que se movía alegremente alrededor de una ventaja de dos carreras.

En el noveno, doble de Dwight Britton, hit dentro del cuadro de Renato y elevado lo suficientemente largo de Justo fabricaron la séptima anotación, supuestamente asegurando la tranquilidad, pero Colombia se levantó de pronto y con doble de Lozada y un par de boletos llenó las bases contra José Luis Sáenz con dos outs, obligando al ingreso de Douglas Solís para enfrentar al emergente Luis Polo. El ponche con cuenta de 2 y 2, después del ofrecimiento de una imprudente curva al centro, nos permitió recuperar la respiración.

No importa que solo sea por un rato. Un día más, tiene sentido.

1-2 es el balance de Nicaragua en el torneo de beisbol de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. El rival de hoy será Estados Unidos (10:05 a.m.).

 

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