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He sido fanático de los Yanquis desde la época de Joe DiMaggio. Más adelante, con Mickey Mantle, Eddie Ford y Yogi Berra, ese fanatismo creció mientras la década de los 50 avanzaba como ese tren que me llevaba semanalmente de Managua a Nagarote, ciudad en la que habitaba la familia de mi madre. ¿Yanquis o Dodgers? Esas eran las discusiones nocturnas en el parque del pueblo en un tiempo en que no se veían ladrones ni policías y todos éramos amantes de la tranquilidad. Murió Mantle en 1995, después DiMaggio, se agotó la cuerda de Reggie, se retiró Jeter, y con el paso del tiempo, perdí pasión no fidelidad, por el equipo que sigue llenando sus tribunas en otro estadio de día y de noche.

Siento admiración de ver a estos Yanquis cojeantes del 2015, jefeando el Este de la Liga Americana por cinco y medio juegos de ventaja sobre Azulejos y Orioles, con los Rays dos pasos más atrás. Pero me cuesta creer que con ese armamento tan discutible, solo el cañón de Mark Teixeira como seria amenaza, con Alex Rodríguez tratando de mantenerse encima de las expectativas, un infield inseguro y una rotación que tiene al imprevisible Nathan Eovaldi (11-2 y 4.30) como su mejor brazo, los Yanquis puedan resistir las embestidas que hará Toronto.

TORONTO BIEN ARMADO

Yo he visto, a distancia por supuesto, como se borra una desventaja de 14 juegos en los dos últimos meses de temporada y cambia de manos un boleto para los Play Offs. Así que no consideraría una proeza que estos Azulejos debidamente fortalecidos, consiguiendo un bateador tan temido por su capacidad de producción como Troy Tulowitzki y un auténtico “as” de la colina como el zurdo David Price, asalten a los Yanquis desvaneciendo esa diferencia no lo suficientemente amplia, que sostiene al equipo de Nueva York en el liderato del Este en la Liga Americana.

En estos cierres de temporada de mayúscula exigencia, el pitcheo abridor es decisivo y Toronto tiene ahora a Price (10-4 con 2.45 y 149 ponches), ganador de un Cy Young, como tiro casi seguro, seguido del también zurdo Mark Buehrle  (11-5 y 3.32), Drew Hutchison (9-2, pese al 5.42), el crecimiento del mexicano Marco Estrada (8-6 y 3.53 después de 7-6 y 4.36 el año pasado) y cuenta con el nudillista ganador del Cy Young R. A. Dickey, limitado a 6-10 con 4.06. Es decir, su rotación de cinco se ve consistente, sobre todo con el apoyo ofensivo de Tulowitzki como primer bate de alto voltaje, el encendido Josh Donaldson (27 HR y 77 CE), José Bautista, Edwin Encarnación, Justin Smoak y Rusell Martin, sin obviar a Kevin Pilar y Ben Revere.

HACE FALTA UN “AS”

La rotación Yanqui, sin un verdadero líder por la inseguridad alrededor del brazo derecho de Tanaka (7-4 y 3.80), quien esquivó la operación Tommie John, con la lesión sufrida por el ganador de 9 juegos Michael Pineda, el pobre rendimiento de C.C. Sabathia, el intento de resurgimiento de Iván Nova (7-7 y 3.10), y la rara brillantez en balance de Evoldi con 11-2 y 4.30 en efectividad, no me parece lo necesariamente firme para manejar esa ventaja, pese a disponer de dos cerradores tan fuertes como Dellin Betances y Andrew Miller. Ojo, mucho va a depender el futuro yanqui de lo que pueda ofrecer el prospecto Luis Severino como reemplazo de Pineda.


Dos meses es mucho tiempo para torear los inconvenientes. Pienso que los Yanquis no podrán sostenerse.

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