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De alguna manera, siempre me ha gustado la natación de alto nivel competitivo. Quizás desde que descubrí que Johnny Weismuller, el popular Tarzán, había sido ganador del oro en los 100 metros durante dos Juegos Olímpicos consecutivos. ¿Cómo permanecer indiferente al impacto de Mark Spitz y sus siete medallas con récords del mundo en Munich 72? Y después, Kornelia Ender en Montreal; las grandes batallas que presencié noche tras noche en los Olímpicos de Sidney 2000 con Van Der Honeygan, Thorpe e Inge de Bruin borrando cifras huracanadamente; el posterior aterrizaje de Michael Phelps y su brutal asalto a la grandiosidad; y ahora, esta jovencita de 18 años, la fantástica Catherine (Katie) Ledecky, quien parece proyectarse en la pileta con un motor turbo oculto, convertida en un proyectil.

UN TOUR DEVASTADOR

Los 200 metros libres pertenecen a la velocidad pura. Una prueba para los “súper”, que exige cuatro sprints de 50 metros. En tanto los 1,500 metros son un maratón acuático, con 15 proyecciones de ida y vuelta retando la resistencia de los pulmones y recurriendo al máximo poderío en el movimiento de piernas y brazos. Y entre esas distancias, están los 400 y los 800 metros, es decir, casi todo el catálogo, con el agregado del 4 por 200. Katie arrasó con todo eso superando cualquier tipo de expectativas, para ser la reina del Mundial en Kazan, abriendo intrigas espectaculares respecto a su futuro inmediato de cara a Río en el 2016.

La chavala que a los 16 años provocó una sacudida quebrando la marca mundial de los 800 metros, cerró su actuación ganando esa prueba con un cierre asombroso. ¿Cómo fue posible que después de 750 metros a ritmo de nueva marca, registrara 28 segundos y 41 centésimas en los últimos 50, reduciendo en casi 4 segundos su propia marca, fijándola en 8 minutos, 7 segundos y 39 centésimas.

CONSTRUYENDO PROEZAS

Más impactante que eso, Katie impuso marca mundial en las semifinales de los 1,500 metros, una rareza por la conservación de energías para la final, y 20 minutos después, por problemas de calendario, estaba clasificando para la final de 200. Así que, verla superar nuevamente el récord de los 1,500 imponiéndose claramente al día siguiente, y continuar en la otra jornada con el oro en los 200 después de haber iniciado el evento días antes ganando los 400, dejó al planeta natación con la boca abierta. Cierto, dos años antes en Barcelona, con cuatro oros, envió un aviso, pero ahora, su proceso evolutivo estaba entregando resultados no previstos pese al conocimiento de su potencial.

Ledecky vino desde atrás para proporcionarle el oro a Estados Unidos en el 4 por 200, y con su victoria en los 800, entregó una proeza para la posteridad. Ninguna duda sobre la más resplandeciente figura de la natación femenina mundial en estos momentos.

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