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Sangrante, cojeando, con su corazón latiendo como una locomotora cansada, sus asustados ojos desmesuradamente abiertos, y las piernas de sus hombres gimiendo, el Barcelona conquistó su quinta Supercopa de Europa derrotando 5-4 a un impactante Sevilla que se restauró milagrosamente de entre las cenizas, resurgiendo de un 1-4 adverso, que en el minuto 52, con el gol de Suárez, parecía tan definitivo como lo fue la muerte de Tutankamon. Sin embargo, fue necesario ir a tiempo extra y resolver la gigantesca intriga con el gol de Pedro, en el minuto 115, cuando todos los pulmones estaban desfalleciendo y el inconfundible “olor” a definición por penales cobijaba la cancha y las tribunas del estadio de Tblisi. Todavía el Sevilla dispuso de dos oportunidades doradas contra reloj con cabezazo de Coke y taponazo de Rami, fabrica infartos.

PARECÍA PROBLEMA RESUELTO

Vimos un partido enloquecedor en el que la realidad fue más estremecedora que la imaginación. Después del gol abridor logrado por Banega con un tiro libre de catálogo con pierna derecha en el minuto dos, que adelantó al Sevilla, el Barsa ripostó con el magistral tiro libre de Messi con su escopeta zurda en el minuto 7, y a partir de ese instante, el equipo azulgrana aplicó su puño de hierro para estirar la pizarra 4-1, obviando un gol anulado a Luis Suárez, y el cabezazo de Rafinha contra el travesaño. Un segundo tiro libre de Messi, de fabulosa trayectoria, esa entrada fulminante de Rafinha para rematar en el área chica un pase con caño de Luis Suárez, y la prolongación con deslizamiento de pelota del uruguayo, tomando una pelota enviada por Busquets y llevándola a las redes, establecieron el 4-1 dando la impresión de terminar con el partido anticipadamente.

LA MAGIA ENGAVETADA

En el futbol como en la vida, no hay nada escrito contrariando a Diógenes, y el Sevilla aprovechó que por un buen rato la magia de Messi fue engavetada, coincidiendo con la salida del incansable y extremadamente útil Iniesta ingresando Sergi Roberto, para recuperar atrevimiento, entrar en mayor contacto con la pelota y no perdonar fallas de una defensa azulgrana súbitamente tambaleante, recortando la distancia. El gol de Reyes entrando por la derecha, libre de marca, no alteró los nervios de Luis Enrique, pero el penal tan bien ejecutado por Gameiro en el minuto 71 cobrando el derribamiento de Vitolo por Mathieau, estrechó la diferencia 4-3 metiendo la angustia con el uniforme del Sevilla en territorio del Barsa. El enredo del recién ingresado Bartra en el minuto 82 dejando la pelota en los pies de Immobile en la zona derecha del área chica, facilitó ese centro que le permitió a Konoplyanka, jugador de Ucrania, sacudir las redes y empatar el juego. Sobreviviendo a un tiro libre de Messi que rascó la escuadra 
izquierda de Beto, el suspenso viajó al tiempo extra.

PEDRO DECIDE LA BATALLA

¿Qué sería lo justo? La brillantez del Barsa en el primer tiempo fue hecha desaparecer después del minuto 52 por la bravura del Sevilla, que consiguió un crecimiento imprevisible apretando a Goliat contra las cuerdas, logrando por unos instantes mantenerlo de rodillas. El gran Barcelona aguijoneado por la desesperación. ¿Quién iba a pensarlo cuando festejaba tres goles de ventaja? Los chispazos de Messi y la entrada de Pedro, quien ya tiene un pie en el Manchester United, reactivaron al equipo de Luis Enrique que volvió a manejar pelota y terreno pero sin la profundidad deseada, hasta que llegó el tiro libre de Messi, devuelto por una mano no vista, de inmediato otro remate rasante de Messi que Beto rechaza, y la entrada precisa con golpeo violento de Pedro, para el quinto gol del Barsa, el de la victoria, sin enlatar la angustia porque antes de morir, el Sevilla siguió peleando.

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