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En el hoyo, aturdido, casi noqueado y con una pistola apuntándole a la cabeza por si acaso, así veo a este Barcelona que saltará hoy a la cancha del Nou Camp en busca de un milagro improbable: borrar esa desventaja aplastante por 4-0, edificada cuidadosamente en San Mamés por un Bilbao que logró proyectarse hacia un resultado imprevisto, sobre raptos de inspiración. No creo que ese milagro ocurra, porque aunque Luis Enrique coloque --a diferencia de la primera batalla-- la mejor formación imaginable, y Messi consiga volver a deslumbrar, el Bilbao dispone de suficientes agallas y el buen juego necesario para evitar ser inutilizado por completo y mostrarse desnudo y enclenque.

Un mejor barsa, obvio

No dudo que veremos un mejor Barcelona aguijoneado por la urgente necesidad de volcarse y tratar de producir lo más pronto posible, pero ¿qué tan vulnerable estará la defensa de un equipo que puede atrincherarse con orden y bravura, capaz de morder en los diferentes sectores de la retaguardia y presionar como lo hizo en el primer duelo, dando un paso adelante frente al hombre con la pelota? Esto provoca precipitaciones y naturalmente desajusta el mecanismo ofensivo de un equipo, que como el azulgrana, se fundamenta en el buen traslado, las combinaciones y la posesión del esférico. Consideren que el 74 por ciento de tiempo, con manejo del balón del Barsa, no produjo ningún gol, por los cuatro del Bilbao con solo el 26 de porcentaje.

Un gol del equipo azulgrana en San Mamés tendría en estos momentos una gran utilidad. Sin embargo, el no haber marcado como visitante, libera más al Athletic, que contó con el aporte del absurdo penal cometido por el imprudente Dani Alves. En cambio, un gol del equipo vasco hoy en el Camp Nou, quizás de Aduriz, el artillero de 34 años, doblará drástica y dramáticamente las rodillas del Barsa, que necesitará registrar más de cinco para fabricar el milagro. Evitar que eso ocurra con una defensa que con diferentes componentes frente al Sevilla y el Bilbao, ha sido agujereada ocho veces en 180 minutos, es una tarea que no puede ser asumida con la máxima concentración, por reducir la capacidad de agresión azulgrana.

En un campo minado

El Barsa, atravesando riesgos en cada instante, se sentirá en un campo minado. Aún de jugar Jordi y contar con Alves, el subir como acostumbran hacerlo incorporándose al ataque, facilitará las gestiones de contragolpes por las dos bandas, que el Athletic manejó muy bien multiplicando complicaciones. El regreso de Mascherano atrás, por el centro, junto a Piqué que reaparecerá, fortalece ese sector tan atormentado por la inseguridad el pasado viernes. Sin embargo, como el problema del Barsa es mantenerse encima, la tarea de Busquets será más ofensiva, lo cual, debe desconectarlo con la zaga por ratos estirados. Así que todo será difícil en la búsqueda de la proeza. No veo cómo el Barsa pueda ser eficaz en la resistencia y en la agresión al mismo tiempo.

El factor Messi, pocas veces visto en la aparatosa derrota por 4-0, una con ese tiro libre de comba en búsqueda del ángulo superior derecho de Iraizoz, y otra con ese remate rasante que hizo pensar en el quiebre del hielo, puede volver a ser incidente, pero no tanto para llevar al Bilbao al borde de la desesperación. Esperar que Messi supere expectativas es la mayor de las esperanzas, en un juego que el Barcelona deberá funcionar con perfección para poder pretender aproximase al milagro buscado. Estoy entre los que piensan que un buen juego de Messi no será suficiente para sacar del hoyo al Barsa. Es evidente que ese insospechado 4-0 lo dejó escarbando muy profundo.

Un banco muy pobre

“El grado de dificultad es grande y no será fácil remontar, pero no vamos a renunciar. Sin ser arrogantes, pienso que podemos hacerlo”, ha dicho Javier Mascherano en las puertas del Nou Camp, afilando sus espuelas y revisando la recarga de sus pulmones. Sin fe en uno mismo, no se puede mover montañas, y Mascherano está claro de eso, pero al mismo tiempo, debe estar consciente de lo remota que es tal posibilidad. El técnico Luis Enrique, saliendo del centro de la tierra hacia donde fue tragado, considera que el Bilbao saldrá a jugar de la misma forma, sin ceder espacios y buscando “algo más”. Atento a esto, el Barsa se verá sometido a limitaciones en su paso por el mediocampo y en la gestión ofensiva.

El equipo azulgrana no tiene el respaldo en el banco de suplentes que se observa en el Real Madrid. Afectado por la sanción que será levantada hasta en enero, los reemplazos del Barsa bajan el nivel de rendimiento del equipo, exigiendo un excedente de los titulares, sobre todo de sus hombres de vanguardia, obligados a ser hoy más efectivos en busca de golpear primero.

Obligados al riesgo

¿Cómo imagino el partido? Una fiera batalla por la recuperación de pelotas de cada lado con mayor énfasis en los cortes de avance por el Athletic, porque eso desactiva al Barsa.

Se realizará la misma marca sobre Messi impidiéndole recibir destapado para que pueda clarificar sus conexiones. Eso fue clave el pasado viernes. El Barsa tomando riesgos sin reservas empujado por la imperiosa necesidad de ir hacia delante y mantenerse presionando.

No tiene otra alternativa para intentar prevalecer, que multiplicar la destreza que lo ha encumbrado, y esa es una tarea tan difícil como masticar diamantes sin quebrarse los dientes.

Lo siento por el Barsa. El intento de volver a ganar seis trofeos por tanto tiempo, acariciado después de asegurar el triplete, quedó sepultado la semana pasada.

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