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Quizás, cuando el Walter Ferretti entró al inmenso e histórico Estadio Azteca, se asustó un poco; al final, cuando sonó el silbato del árbitro Perea, el equipo asustado era el América. No fue una victoria pírrica la lograda por el equipo azteca con el gol de Michael Arroyo en el minuto 71, quebrando un 0-0 desesperante, pero sí terriblemente angustiosa, navegando en la inutilidad de tantos intentos ofensivos que rebotaban contra una muralla de coraje, mientras se soñaba edificar una proeza.

No se pudo concretar, pero quedó para el recuerdo imperecedero, el accionar de un equipo que además de colocar su valentía sobre el tapete, supo sujetar los impulsos del adversario cerrando espacios en el fondo, anticipando constantemente, apretando tuercas convenientemente, saliendo sin prisa y con seguridad en busca de conexiones, que después de un inicio alentador, solo funcionaron en ciertos momentos, en vista que el mediocampo se vio afectado por precipitaciones.

SIN COMPLEJOS

Cuando se siente satisfacción por el comportamiento registrado, es un reconocimiento a esa demostración de un paso al frente que realizó el Ferretti respecto a nuestro habitual nivel de competencia. Ahora nuestro futbol es capaz de hacer cosas difíciles, siquiera de imaginar hace un tiempo. Fue en ese Estadio que el Brasil panamericano nos borró de la cancha clavándonos 14-0 en 1975, durante una mañana dramáticamente triste.

De entrada, el Ferretti tuvo manejo saliendo desde atrás y osadía para abrir juego por las bandas, sobre todo por la derecha. De pronto, el América estaba tratando de resolver problemas en su área y evitar acercamientos a su cabaña. El equipo nica mostró que no tenía temor por tomar riesgos y eso habla muy bien de su técnico Flavio Da Silva. Ni Leónidas mostró temor en las Termópilas, ni Héctor frente a Aquiles, ni Ulises retando al Cíclope.

RESISTIENDO

Claro, no iba Silva a hacer propuestas imprudentes excediéndose, pero consiguió dejar constancia que su equipo estaba en capacidad de pelear, que podía recuperar balones, presionar con anticipos oportunos que estorbaron al medio campo amarillo, y pese a que las diferencias numéricas finales favorecen a los insistentes aztecas, 19 disparos por 7 nicas, y un total de 9 al arco incluyendo el Arroyo al poste, por solo 2 del otro lado, el apropiado accionar pinolero con un sobresaliente en defensa, obligó al rival a mantener sus barbas en remojo, pendientes de lo inesperado.

Fue un partido con colmillo de principio a fin por el Ferretti, eterno frente al desgaste físico y el fantasma de la altura, emotivo y crudo en la pelea, sin intimidarse. Un partido para recordar, porque permanecer en pie de lucha por tanto tiempo, visto desde la butaca de nuestras limitaciones que están superándose, tiene más mérito del que podamos considerar.

RESPONDIENDO

Aún sin Oribe Peralta y Sambueza, la presencia de Pimentel, Quintero, Benedetto, Zúñiga y Arroyo, y el ingreso de Andrade, planteaban una gran exigencia para el Ferretti. Respondió “El Pulpo” al cañoneo corto y largo, sin necesidad de llegar a la espectacularidad que aquí se le conoce, y también lo hicieron Copete, Tapia, Casco y López, más la entrega de Laureiro y la intensidad de Cadena, pese a los problemas con su temperamento, que le restó efectividad. El disparo rasante de Arroyo desde la frontera del área, pareció serpentear entre piernas y se metió junto al poste izquierdo de Espinoza. Fue preciso, como estocada de un mosquetero.

Aunque era de noche, el Ferretti cayó de cara al sol, que debe haberse asomado un rato para comprobar, si ciertamente el futbol pinolero ha avanzado. Esta actuación estimula para volcarnos sobre las tribunas del Estadio Nacional cuando llegue Jamaica y aterrice el América. Nuestro futbol vive, vibra, y por supuesto, está siendo atractivo.

 

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