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Con el justificado suspenso aguijoneando sus piernas y acelerando sus corazones, Usain Bolt y Justin Gatlin han protagonizado un electrizante duelo que no aburre verlo las veces que sea en las repeticiones. Ganó Bolt, el invencible jamaicano, desplazándose en el carril 5, muy cerca de Gatlin que corrió en el 7, gritando ¡Apártense! después de registrar una estupenda salida y proyectándose bruscamente en busca del oro.

Gatlin tomó el reto, y hasta en el último instante, por una pechada para muchos imperceptible, se impuso Bolt con un tiempo de 9.79, el mismo que en 1988, con ayuda del estanozolol, registró en los Olímpicos de Seúl el canadiense Ben Johnson superando a Carl Lewis.

UN CIERRE DE ALARIDO

Con nueve finalistas en la pista en lugar de los ocho de siempre, en vista del triple empate en la clasificación con 9.99 segundos entre el estadounidense Trayvon Bromell, el francés Jimmy Vicaut y el chino Su Bingtian, Bolt, el mejor velocista de todos los tiempos enfrentaba el escepticismo fabricado por las impresionantes actuaciones de Gatlin en los heats y en semifinales, sacándole 19 centésimas de ventaja, y sobre todo, por ser el dueño de las cuatro mejores marcas del año, incluyendo ese temible 9.74 segundos que podía ser atacado en un alarde de crecimiento. Eso no ocurrió. Cuando sonó el disparo de salida, todo eso quedó atrás. Fue como si los otros siete rivales no existieran.

Ahí estaban Bolt y Gatlin, súper-estimulados, devorando la pista, resoplando poderosamente, dando la impresión de no pisar el terreno mientras zumbaban. A los 60 metros era difícil fijar ¿quién delante de quién?, y también a los 80, pero las cámaras mostraban a Bolt en ventaja por medio suspiro y así fue el cierre, tan huracanado como el desplazamiento desde el arranque.

BOLT DEJA UNA ADVERTENCIA

El 9.80 de Gatlin, quién había marcado 9.77 en la clasificación, fue insuficiente y Bolt, con sus 9.79, atrapó el oro y dejando una clara advertencia para la final de los 200 metros, que podría ser una fotocopia del duelazo que detuvo al mundo por un instante alargado a casi 10 segundos.

El bronce fue compartido por dos de la chavalada: el canadiense de 18 años Andre De Grasse, reciente ganador en los Juegos Panamericanos, y el norteamericano Bromell de solo 20 años, ambos con 9.92 segundos, dando la impresión de estar anunciando una gran rivalidad para tiempos futuros.

Para Bolt fue su novena medalla de oro en Mundiales, dejando atrás a Carl Lewis con ocho, y al mismo tiempo su tercer título en el hectómetro en vista de haber sido descalificado por un mal despegue en el 2011. Con otro fogonazo en los 200 metros y su aporte en el relevo 4 por 100, puede despedirse de estos eventos con 11 de oro y prepararse para un cierre espectacular de su historia en los Olímpicos de Río.

 

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