Pablo Fletes
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El púgil nicaragüense Ricardo Mayorga declaró ayer que tocar el trasero a la novia de Shane Mosley, en el final de una conferencia de prensa previo a su combate del sábado, fue algo “hablado”, parte del show para vender este combate, que tendrá como escenario el mítico Forum de Los Ángeles, en California.

Si es así, Mayorga se equivocó en esta supuesta propuesta del equipo de Mosley. No existe razón para que trate que la gente lo rechace más, muchos lo odien y la mayoría rechace su forma de ser. Mayorga no es un peleador que está en su apogeo. A sus 42 años, está más cerca del retiro que una tarde soleada en Managua.

Es cierto que la pelea con Mosley se encontraba en una encrucijada, porque el veterano promotor Don King intentó detener el duelo. Pero ya que el asunto se arregló en la Corte Federal de Miami, el excampeón pinolero simplemente debía seguir con su palabrerío vulgar, sus gestos agresivos, gritos, para crear expectativa entre el público interesado en comprar el PPV del sábado, que tiene un precio de 49.95 dólares.

Pero tocar el trasero de la novia de su rival es un acto que no tiene justificación. Mayorga no es un niño, más bien padre de varios hijos. Sabe lo bueno y lo malo. No es un animal, es un tipo pensante que ha sabido vender su imagen de “Chico Malo” del boxeo para mantenerse vigente, cuando ya muchos creíamos que no conseguiría algo importante en este deporte.

Mayorga tiene una capacidad de venderse más allá de la normal. Siendo un peleador con muchas deficiencias técnicas, lo vimos enfrentar a los mejores peleadores de su época, como Oscar De La Hoya, Félix “Tito” Trinidad, Miguel Cotto, Fernando Vargas, Vernon Forrest y hasta el mismo Mosley hace unos años.

Todos pelearon con Mayorga porque era y sigue siendo un gancho perfecto para levantar la imagen de una pelea. Tanto así, que peleó en los mejores escenarios, fue portada de muchas revistas deportivas y la gente pagó por verlo ganar o perder en el ring.

Pero llegar a este asunto de tocar a la novia de su rival, y armar un alboroto ayer en Los Ángeles, no valía la pena. 

Mayorga por sí solo es un tipo que sabe vender sus combates, no debía llegar a este desagradable momento que daña aún más su deteriorada imagen de atleta en el boxeo profesional.

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