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Flavio Da Silva leyó y se aprendió a la perfección el libreto de la historia que suscitaría anoche en el estadio Tiburcio Carias en Tegucigalpa. El Walter Ferretti cayó 2-0 ante el Motagua de Honduras, viviendo un suplicio en las vías carrileras de la cancha, intentó detener a los trenes que se movían a máxima velocidad, nunca lo logró, por izquierda César Oseguera fue un rayo y en la derecha Wilmer Crisanto lució como una estrella fugaz desequilibrante, siendo un dolor de cabeza.

Apenas se cumplían dos minutos del génesis del desafío cuando el Motagua envió el primer anuncio. El capitán Lucas Gómez dribló a dos defensores, recortó hacia adentro con su pierna izquierda y ejecutó un disparo de derecha que pasó soplando el poste derecho de Denis el “Pulpo” Espinoza.

Incesante agresividad

Ese primer aviso era una muestra de lo que el Ferretti tendría que soportar durante 90 minutos angustiantes. Minutos después otra internada, Félix Crisanto, pero esta vez no Wilmer, sino el otro jugador del Motagua que tiene el mismo apellido, filtró un pase preciso como un reloj a Gómez, salió Espinoza y con sus tentáculos evitó lo que parecía el primer gol del partido.

Era cuestión de tiempo para que cayera el primero del Motagua; el Ferretti no jugó anoche, apenas pudo respirar para sobrevivir y evitar una goleada catastrófica. Olvídense del sublime orden táctico que mostró contra el América, anoche fue desfigurado. Los centrales Luis Fernando Copete y Eder Munive y el aporte de Casco en el eje de la contención no era suficiente. 

Bernardo Laureiro fue un fantasma en el campo, Cadena salió del partido por lesión y tampoco marcó diferencias, Rodrigo Valiente estuvo perdido y el ataque apenas pudo dar algunos destellos con Maycon Santana, Eulises Pavón y Axel Villanueva, quien sustituyó a Dani.

Motagua fue un volcán por las bandas. Explotó al máximo las virtudes de sus laterales y extremos, Da Silva no encontró una fórmula mágica para detener tantas embestidas, principalmente las de Crisanto, ese futbolista vertiginoso, con la velocidad de un relámpago, desbordando constantemente por la derecha; provocando un constante desconcierto en Alejandro Tapia.

¡Era un milagro!

Los rojinegros se fueron al descanso sin permitir goles; era un milagro. Comenzó la segunda mitad y ahora sí fue un monólogo total del Motagua, que sentenció el partido.

El primer gol cayó por un pase prodigioso filtrado de Erick Andino a Félix Crisanto, quien se puso cara a cara contra el hombre que muchas veces obra milagros, pero esta vez no pudo hacer nada, fue batido fácilmente, no tenía oportunidad. Gol del Motagua, merecido y el estallido de júbilo no se hizo esperar en el Tiburcio Carias, un coloso con capacidad para 35 mil personas y que anoche vivió una fiesta del sublíder del torneo local con 9 puntos y que hasta el momento no ha perdido un partido en casa.

Poco después Eddie Hernández, que salió del banco de suplentes para aumentar el volumen de juego, mató a Espinoza y así acabó con el suplicio del Ferretti, que perdió su segundo partido en la Liga de Campeones de la Concacaf, Concachampions.

  • 2 derrotas acumula el Walter Ferretti en la Liga de Campeones de la Concacaf, Concachampions.
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