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Esta es parte de las experiencias que me hacían falta: escribir sobre lo que puede pasar en una pelea que resulta difícil de imaginar en vista del deterioro inevitable que produce el paso del tiempo y el misterio que se dibuja al salir forzosamente de un retiro que parecía definitivo tanto para Ricardo Mayorga como para Shane Mosley. Agreguen que no se tiene una idea clara del estado físico que puedan haber conseguido durante una preparación sin diagnóstico cierto.

¿Qué importa que Mayorga no haya registrado el peso requerido y tenga que pagar una multa? La pelea va, como ocurrió cuando se enfrentó a Eric Mitchell en el 2004, un inesperado reemplazo del boricua “Gallito” Rivera, sacado de la manga de Don King.

¿Qué les parece esta ecuación siete años después de la pelea que realizaron en Carson, California? Escribí que no fue una pelea brillante, pero su cierre resultó estrujante. Shane Mosley funcionó en ese interminable y agobiante último minuto, como un destructor implacable. Golpeó con rapidez, precisión y poder la cabeza grotescamente danzante de Ricardo Mayorga. El estadounidense con las baterías recargadas, estimulado por su ventaja en las tarjetas, confiando en su asimilación y capacidad de agresión, fue a fondo, al grano y acribilló al nica derribándolo dos veces.

Un arponazo de zurda

Una inagotable secuencia de golpes, lanzados desde diferentes ángulos y distancias, le permitieron a Mosley colocar a Mayorga de rodillas en la lona. No había nada que discutir, pero Mayorga cobijado de coraje se incorporó y quedó expuesto a más metralla. El arponazo de zurda, que clavó Mosley a los 2.59 minutos de ese último asalto, hundió nuestras narices, desajustó las dentaduras y nos hizo dormir con las mandíbulas fracturadas.

Expliqué que la deformación mostrada por el rostro castigado de Mayorga en cámara lenta, me hizo recordar la de Joe Walcott golpeado por Rocky Marciano, que ha sido un póster permanente de la brusquedad escalofriante en el boxeo. Consideré que Mosley ganó seis rounds por tres a Mayorga y dos empate, antes del imprevisto desenlace, porque creía que si alguien peligraba en los últimos tres minutos, ese era Mosley, frente a un probable excedente de presión de un Mayorga necesitado del nocáut. Fue al revés, Ricardo cayó dos veces acribillado, quedando de cara a las lámparas, dramáticamente, con su temperamento endemoniado y su agresividad punzante, engavetados.

¿Y ahora? El misterio

La pelea de hoy, con Mayorga llegando a los 42 años y Mosley a los 44, sin saber que se les olvidó y que recuerdan de lo que hacían cuando tuvieron notoriedad boxística, es completamente imprevisible, excepto que será más lenta y menos precisa, aunque sin descartar que aun con un accionar “cojeante” resulte emotiva, sobre todo por la agresividad que puede desplegar Mayorga si tiene aliento, peleando más contra los molinos de viento que contra Mosley.

Es apenas una posibilidad, pero vale la pena aferrarnos a ella. Eso sí, frente a expectativas enanas, lo único seguro es que pase lo que pase, y lo que no pase, no vamos a sentirnos decepcionados. Estamos preparados para cualquier cosa, como recomendaría Murphy.

  • 165.4 libras marcó Ricardo Mayorga para su pelea de esta noche, pactada en un inicio en 158. Shane Mosley, por su parte, marcó 159.4 libras.

 

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