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Comenzaba a tratar de abrirme paso “a la brava” en el periodismo deportivo durante 1970, cuando escribí una nota antes de los C.A. y del Caribe realizados en Panamá, que titulé en referencia a los eventos de pista y campo: ¿Cuál es el límite de la capacidad humana? Todavía estaba impactado por lo ocurrido en los Olímpicos de México 1968, sobre todo en las pruebas de velocidad, con tres hombres clasificando por Estados Unidos en Sacramento, corriendo los 100 metros en menos de 10 segundos con el viento ligeramente a favor: Jim Hines, Charlie Greene y Ray Smith, agregando la presión que estaban colocando los cubanos.

Hoy, 45 años después, al caer el telón del Campeonato Mundial visto en Pekín, con el estadounidense Ashton Eaton estableciendo en el último instante una marca mundial en decatlón después de correr en forma estupenda los 1,500 metros, prueba devastadora cuando estás necesitando urgentemente una recarga de las energías consumidas en los nueve eventos previos, me pregunto: ¿Qué tan cerca estamos del límite en casi todas las pruebas? Sus 9,045 puntos dejan atrás los 9,039 que logró en Eugene, Estados Unidos, hace tres años y le proporcionan el único “toque de distinción” numérico a este XV Mundial.Usain Bolt logró tres oros en el Mundial de Pekín. AFP -END

TRES OROS MÁS PARA BOLT

El relámpago de Jamaica, Usain Bolt, fue el fulgurante ganador en 100 y 200 metros y también en el relevo 4 por 100, pero en ninguna de las pruebas atacó las marcas mundiales. Registrando 9.79 segundos y 19.55 en las dos distancias, dejó quietos sus fabulosos registros de 9.58 y 19.19 que consiguió en el Mundial de Berlín en el 2009 deteniendo la rotación del planeta. Seis años después, Bolt no fue una amenaza para sus propias marcas, que podrían permanecer por tan largos años, como los 30 de sobrevivencia que tienen los 47.60 segundos en 400 metros lisos fijados por la alemana Marita Koch en 1985 en Canberra, Australia, todo un reto para las nuevas generaciones que han visto rebotar todos sus esfuerzos en el intento.

El doble triunfo del británico de origen somalí Mo Farah en los 5 y los 10,000 metros, coronándose Rey del Fondo, y la victoria sin deslumbrar de David Rudisha para Kenia en los 800 con tiempo de 1 minuto 45 segundos y 84 centésimas, distante de su marca mundial lograda en Londres, forman parte del apretado nudo de recuerdos de este torneo, que vio volver a fracasar en salto con garrocha al francés Renaud Lavillenie, sin duda, el mejor en la especialidad durante este nuevo siglo, dueño de la marca mundial desde el año pasado con 6.16 metros, borrando el registro de Sergei Bubka. Por cuarta vez, aunque cueste creerlo, Lavillenie no puede ganar el oro en Mundiales. La prueba fue ganada por el canadiense Shawnacy Barber con un discreto 5.90 metros, igual que el alemán Holtzdeppe. En mujeres, la cubana Yurisley Silva elevándose 4.90 metros, consiguió el oro. No conozco a un saltador centroamericano --sin incluir Panamá-- que haya superado los cuatro metros.

ALGO DE FUEGO LATINO

Otro triunfo latino fue el de la colombiana Caterine Ibarguen en salto triple, atrapando el oro con 14.9 metros, 12 centímetros más que la ganadora de la presea de plata. Fue la victoria 29 en forma consecutiva de Caterine en eventos internacionales. Qué impresionante me resultó disfrutar, aún por el video y conociendo el resultado, el sprint de la jamaicana Shelly Ann Fraser, para ganar por tercera vez los 100 metros, frustrando a la holandesa Dafne Schippers, quien se conformó con la plata antes de ganar los 200 metros con 21.63 segundos, el cuarto mejor registro de la historia. Cuba consiguió otras dos medallas para un total de 3, el oro de Denia Caballero en jabalina con un disparo de 69.28 metros en su primer intento, y la plata de Pedro Pablo Pichardo en salto triple, superado por una actuación espectacular del estadounidense Christian Taylor desplazándose 18.21 metros, muy cerca de la marca de 18.29 en poder del británico Johnathan Edwards.

Apoyándose en sus fondistas, Kenia ganó el Mundial con 16 medallas, 7 de oro, 6 de plata y 3 de bronce, dejando atrás a los velocistas de Jamaica que acumularon 12, con 7 de oro, 2 de plata y 3 de bronce. Estados Unidos obtuvo la mayor cantidad de medallas con un total de 18, pero sus 6 de oro lo relegaron al tercer lugar, con 6 de plata y 6 de bronce. Reino Unido fue cuarto, seguido de Etiopía, Polonia y Canadá. Lo más excitante fue la final de los 100 metros, con un restaurado Justin Gatlin, quien cumplió cuatro años de suspensión por consumo de sustancias prohibidas, apareciendo como favorito en los 100 metros, solo para sucumbir ante el ímpetu de Usain Bolt con 9.79 por 9.80 segundos. Una carrera de alarido con el ganador del oro en Toronto, Andre De Grease, quedándose con el bronce.

LA INTRIGA ESTÁ ACTIVA

Después de todo lo visto en el “Nido de Pájaro” de Pekín, regresamos a la intriga que nunca envejece: ¿Qué tan próximos estamos del límite de la capacidad humana? El hecho que solo se haya podido tumbar una marca mundial dice mucho sobre eso y aunque Bolt expresó que en Río 2016 va a tratar de batir sus dos grandes marcas, un año más de desgaste, ya sobre los 30, podría afectarlo. Sin embargo, a los 33 años y después de tanto sufrir con los cuestionamientos, Gatlin llegó a Pekín registrando las mejores marcas del 2015 y también en el orden personal. El reto pues para Bolt ahí está.

 

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