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Ahora estamos en casa, estimulados por la desaforada imaginación que llevó al equipo pinolero más allá de lo posible, hasta forzar el milagro de regresar con el botín de una victoria, con tres puntos, con tres goles marcados en patio ajeno, con uno de ventaja que permite perder 1-0 y seguir aferrados a ese tesoro del Conde de Montecristo que es el avance a la fase de grupos. Uhh, sólo habíamos soñado estar donde estamos. Y ahora que lo sabemos y lo disfrutamos, la misión es no soltar lo conquistado con tanto atrevimiento, mostrando determinación, con confianza, abrazados a una fe inquebrantable en el futuro inmediato.

Ese 3-2 histórico, logrado como visitante, ha reducido drásticamente el tamaño del equipo de Jamaica sub-campeón de la Copa de Oro, número 52 en el siempre discutible Ranking FIFA, colocándole además, una tonelada de presión sobre sus espaldas, exigiéndole apuro, preocupándolo, obligándolo a tomar riesgos. Eso sí, cuidado, mucho cuidado, no todo ha sido escrito, y una seria advertencia sobre eso, fue el final de juego en Kingston, con nuestro valiente equipo necesitado de oxígeno, agobiado por la intensidad del adversario, viendo moverse el balón de un lado a otro en su área pequeña, respaldado por el crecimiento conseguido por el arquero Llorente.

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Concretar la proeza

¡Qué ambiente previo! Nunca conocido. Es natural preguntarse ¿Cómo medir las emociones? Amigos, mañana en el Estadio Nacional de Futbol, con una entrada récord, las vigas de las tribunas van a estremecerse con el latir de los corazones de una multitud excitada y el accionar de once leones de nuestro futbol en la cancha, buscando como terminar de darle forma a la proeza. Todos quieren estar ahí. Lo sé, pero lo siento: no hay sitio suficiente para tantas esperanzas.

La ventaja real de lo conseguido en Kingston, fácilmente graficada por las cifras, es superior a ventaja psicológica de jugar en casa. Son las exigencias, sólo superables por equipos de madurez cultivada, necesario armamento y nivel de juego, las que mantendrán apretado al equipo de Jamaica, que seguramente, como en el duelo anterior, va a tratar de manejar el balón el mayor tiempo posible, necesitando sí, saber qué hacer con él, forzado a adelantar líneas para garantizar la agresividad requerida, aún estando consciente del riesgo que implica quedar expuesto a contraofensivas, que Barrera, Chavarría y Leguías, probable reemplazo del lastimado Lazo, pueden multiplicar.

Un duelo de mucho físico

Me dice Camilo Velásquez mientras nos tomamos un café, que será un duelo de mucho físico, friccionado, resoplando, con obvia ventaja de los jamaicanos, quienes pueden prevalecer en el uno a uno. Imagina el apuro de ellos en busca de un gol temprano, lo que obliga a un correcto desempeño defensivo pinolero utilizando el anticipo y cerrando espacios. Evitar desajustes atrás, es una tarea que exige mucha precisión. Desde que se inventó el futbol, la inmensa mayoría de goles, desde el logrado por Laurent en 1930 hasta el de Goetze en Río, se producen como consecuencia de desajustes defensivos.

Mas condicionados al aterrizar aquí, que como lo estaban con el madrugador 0-2 en contra en Kingston, los jugadores de Jamaica, que no lograron por largo rato ese entendimiento que se necesita para establecer conexiones, proyectarse y hacerse sentir, van a tratar de pisar el acelerador a fondo buscando como sacarle provecho a la agilidad y rapidez de sus extremos, contando con el apoyo de laterales subiendo. Sin embargo, esta intención tiene un problema, y es la necesidad de mantener en cero la producción pinolera, algo que comprobaron, no es fácil.

La flexibilidad y el talento de Barrera, factores decisivos en el tercer gol, más la rapidez, facilidad de maniobrar en corto espacio y visión de marco que tiene el inquieto y peligroso Chavarría, con el acompañamiento de Galeano, son las armas ofensivas nicas, quita-sueño para Jamaica. En esta ocasión, fortalecidos por la confianza que proporcionó la actuación registrada en Kingston, y con suficiente fondo físico de arranque, marcar primero como se logró allá, colocaría a los preocupados visitantes manos arriba, aturdidos, al borde del abismo. Sería un golpe en la mandíbula posiblemente irreparable.

Cambio de mentalidad

La sensación de estar a la orilla de la fase de grupos, es única por lo desconocido. El técnico Duarte ha respondido por encima de las expectativas que él mismo, en un alarde de confianza durante su presentación, fabricó. Lo primero que hizo fue ir directamente hacia la principal debilidad en nuestro futbol, lo mental. “Nos inyecta que somos capaces de cualquier cosa, que no tengamos temor de atrevernos, que no somos menos”, dicen varios seleccionados, y viéndolos, quedamos claros del cambio de mentalidad, de mayor utilidad cuando se mejoran los recursos técnicos. Ese paso adelante está siendo muy apreciado.

Este es el equipo que llegó a Kingston con los pronósticos en contra, como uno cualquiera, sin llegar a ser considerado una amenaza, pero que sin sigilo, entró a las brasas y tomó las riendas asestando rápidamente un par de estocadas, que agregó otra estableciendo un asombroso 3-0, que resistió un agobio producido por los dos goles en diez minutos y la multi-presencia de extraños en el área defendida por un brillante Llorente, que superó angustiosamente la fuga de energías, y que se alzó con una victoria histórica.

Ahora en casa, estimulados por una desaforada imaginación, la misión es: no soltar el botín.

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